Hace tan sólo unos días, un fascinante hilo de Reddit dedicado a Boards Of Canada, planteaba:

"I know criticizing BoC is borderline sacrilege right now, but after forcing myself through several dedicated listening sessions, I have to ask: is anyone actually connecting with the sonic output of Inferno, or are we just universally glazing the fact that they finally returned?"

Sin querer desmerecer a lo que viene después, pero ese primer párrafo (que dejo tal cual y sin traducir) me parece lo más honesto que he leído sobre Inferno en estos días: una confesión desde el mismísimo núcleo duro de su comunidad de creyentes. Ni mucho menos pincha la burbuja, pero vosotros mismos podéis ver cómo rápidamente el hilo se convierte en casi una terapia colectiva donde una pregunta sobrevuela sus cabezas: ¿estamos hablando del disco o estamos defendiendo nuestra propia espera?

¿Alguien se imagina a un superfán de BoC apunto de devorar por primera vez esos 70 minutos de música tras 13 años sin pasar por algo igual? Intencionadamente o no, ese enorme vacío ha sido parte activa de la obra del dúo → cada año sin música ha ido añadiendo más y más peso mitológico. Apareciendo con tanto a sus espaldas, ¿puede la obra estar a la altura? Y ¿a la altura de qué, exactamente? ¿de unas canciones nuevas? ¿de una trayectoria entera? ¿o de la fantasía que los fieles habían mantenido viva durante todo ese tiempo?

"Farmear aura" desde los 90: mística original y la "no aparición" como forma de presencia.

Boards of Canada pertenece a la misma estirpe que Aphex Twin o Burial: proyectos electrónicos (casi) contemporáneos, cada uno con su idiosincrasia, envueltos en el misterio y donde la administración de la mística/exposición pública es determinante. En el caso del proyecto que los hermanos Mike Sandison y Marcus Eoin fundaron en el noroeste de Escocia → pocas entrevistas, una decena de actuaciones en directo a lo largo de cuatro décadas, fotografías borrosas y su propio parentesco ocultado durante años.

Una presencia "diferida", muy influyente aunque de muy bajo perfil, que podría plantearse como una forma casi opuesta de lo que hoy entendemos como "aura farming": en vez de un ego explícito, el silencio; en vez de una frase hiperbólica, un código; en vez de artistas que se autoproclaman, hay una comunidad preparada para interpretar cada nueva señal.