Hace tiempo que "la cara humana" que cientos de millones de usuarios en todo el mundo relacionan con Instagram es la del ejecutivo norteamericano de ascendencia judía Adam Mosseri. Ojos saltones bajo gafas prominentes y un rostro entre lo amable y lo inexpresivo que actúa como mediador ritual entre lo que es una máquina opaca y la inmensa población de "creadores de contenido" dependientes de sus señales.

De vez en cuando, el CEO hace un paréntesis en su día a día para abrir una ventana y conectar con la plebe; pequeñas pistas, recomendaciones, "si haces esto te irá mejor", "esto está cambiando", "ahora priorizamos X" o se toma su tiempo para desmentir rumores y tendencias que puedan confundir sobre lo que está pasando en Instagram. Como el augur de la Antigua Roma, un heraldo anunciando nuevos edictos o directamente el sumo pontífice de este "culto técnico", Mosseri comunica "el clima" dentro de este espacio digital y de distribución cultural. Interpreta el "cielo" del algoritmo para que nosotros ajustemos nuestra conducta.

Más allá de las comparaciones con la "adivinación" o lo "oracular", siento que es mucho más acertado que usemos la metáfora del "director de casino": el casino no explica nunca las probabilidades reales, pero educa y teledirige a los potenciales hacia el comportamiento que le conviene, siempre con mensajes que suenan a "consejos". Performando "humanidad" y con muy poco artificio estético, Mosseri decidió acabar el 2025 de Instagram con una advertencia: "la autenticidad se está convirtiendo en algo que se puede reproducir infinitamente".

El análisis exhaustivo del comunicado (troceado en 20 slides para facilitar su circulación) de Mosseri se me antoja lo más determinante que puedo emprender para comenzar mi 2026; en él se encuentran tanto las tensiones como las premoniciones con las que cualquier entidad creativa tendrá que lidiar en los próximos años.

¿Qué dice exactamente Mosseri?

1240 palabras bajo un aura de "warning sincero" que esconden, en realidad, todo un iceberg.

  1. Lo primero es el diagnóstico estético: "flattering imagery is cheap..." o el ciclo de lo "pulido" y "perfecto" ha terminado. Lo imperfecto y lo amateur se presentan como "nueva prueba de autenticidad". Hace tan sólo 5 años, una fotografía perfecta era señal de estatus, ahora pasará a ser una señal de alarma y/o sospecha. Antes de que Mosseri enfatizara sobre este aspecto, Internet ya estaba lleno de hot takes sobre el rechazo a la perfección, muchos similares a este reciente de Ethan Hawke ("la perfección menosprecia la experiencia vital").
(Aquí es donde muchos creadores de contenido, influencers y divulgadores se detienen, girando en círculos concéntricos mientras repiten la monserga de "regresemos a lo human-made").
  1. Al momento, llega la transición ontológica: "AI will create any aesthetic you like..." En efecto: la proliferación de la IA generativa aplicada a la "creación" destruirá definitivamente la relación entre "apariencia" y "verdad". Puede que para muchos la imperfección funcione como una nueva señal de "autenticidad", pero lo cierto es que están equivocados: "lo imperfecto" dejará de ser una prueba de realidad, porque podrá ser meticulosamente simulado.

Mientras hablamos, en ciertos nichos se están amontonando los análisis de la "desaparición de la evidencia fotográfica" o reflexionando cómo la IA ya sabe simular "malas fotografías". En un momento de su comunicado, Mosseri lanza la máxima "rawness as proof", donde sitúa la imperfección casi como una estética defensiva. Pero no vale la pena confundirse: la "imperfección" ya es otro "look", otro "efecto de producción" o preset que se reabsorbe por el sistema, otra plantilla más dentro del catálogo de simulaciones posibles.

  1. Por último, Mosseri plantea una "solución institucional": "Platforms like Instagram will do good work..." (LOL). Ante la imposibilidad de fiarse del ojo mismo, dice sin apenas maquillaje que el nuevo marco de confianza deberá ser cercano a lo "tecnocrático": autenticidad verificada por procedencia, criptografía y trazabilidad (¿Web3 alguien?). Cuando todo puede ser simulado, entonces la batalla estética se traslada al marco "forense".

Cambio en los vectores de control; de "lo que veo" a "lo que puedo probar" y de "qué se está diciendo" a "quién lo dice".

Lo que quiere Mosseri, dado que su plataforma está entrando en una profunda crisis de "veracidad visual" debido al SLOP, es reencuadrarla sigilosamente como un "intermediario de confianza". Literalmente afirma en su mensaje que el foco deberá desplazarse de "what is being said" a "who says it". Este cambio de paradigma desviará todo el peso en la identidad del emisor (¿será la perfecta excusa para dejar de evaluar el mensaje/contenido?) y por tanto significará la apertura de una nueva necesidad: la credibilidad certificada.

Si ya no es cuestión de cómo se ve algo, lo importante pasa a ser si puede probarse su origen. Por tanto, "fe visual" será sustituida por una "fe institucional" que elevaría la importancia de plataformas como Instagram. ¿O me estoy equivocando? La solución que parece plantear Mosseri ("fingerprinting, chains of custody, context about who’s posting") implica el comienzo de un futuro que pinta aún peor que el que tenemos ahora: unas cuantas plataformas dominadas por estadounidenses como "garantes de la verdad" en Internet.

Resumen de la cadena lógica de Mosseri:

  1. Lo perfecto ya no distingue nada. Es barato de producir y aburrido de consumir. La estética "pro" es sospechosa y es posible que el "look" profesional se transforme en un indicio de falsedad.
  2. Lo imperfecto se ha convertido en señal de realidad, pero la defensa será temporal.
  3. La IA pronto podrá generar cualquier estética, también la estética imperfecta que hoy leemos como auténtica.
  4. Resultado: dejamos de asumir que fotos y vídeos "capturan momentos". Entramos en una era donde lo visual ya no tiene valor probatorio por defecto.
  5. La adaptación será incómoda, porque estamos entrenados biológicamente para creer lo que vemos.
  6. Cambiará el foco: menos "qué se dice" y más "quién lo dice, por qué lo dice".
  7. La solución podría quedarse únicamente en "etiquetar lo falso". Pero parece que las intenciones pasan por "certificar lo real" con procedencia, huellas, firmas criptográficas, cadena de custodia y señales de credibilidad del emisor.
  8. Conclusión: Instagram tiene que evolucionar rápido, construyendo herramientas creativas, etiquetado y verificación, así como una forma de dar (o quitar) credenciales al que postea y construir un ranking para "lo original".

¿Qué tenemos que tener en cuenta realmente?

Obviamente, tanto Mosseri como Instagram como Meta no dan ningún paso en falso y los 20 slides del mensaje del CEO están perfectamente optimizados para iniciar este proceso que venimos interpretando: el paso a una "autenticidad verificable" que se parece mucho a una "versión neoliberal de la verdad". Resumiendo: Instagram busca ser el "notario" de la realidad (y no será el único, probablemente).

Pero conviene exponer otros apuntes críticos para tener una imagen todavía más panorámica:

1) Instagram nunca fue "real". Sólo cambia la escala de la ficción.

Hay que empezar por lo fundamental, y creo que hay que situarse un clave nihilista: el relato de "antes era todo real" es un mito funcional. En Instagram nada ha sido real NUNCA: todo es contenido, narrado, editado, reencuadrado. Instagram no ha sido ni es "la verdad", es una experiencia individual sesgada, manipulada y subjetiva.