"¿Nuestro respeto fue suficiente? Fue equivalente a la reverencia que profesamos a otras figuras artísticas como Picasso o Miles Davis?"
(Jeff Mills)

Tras más de 45 años cerca de Juan Atkins, Jeff Mills manifestó hace unos días que para referirse al de Detroit, "el término 'Creador' se quedaba corto". La sentida misiva que Mills dedicó a Atkins un día después de conocerse su muerte está siendo para muchos un extraño refugio tras conocerse la noticia. Una de las figuras más influyentes de nuestras vidas musicales ya no está, y yo, al menos (en esta pieza hablo más subjetivo que nunca) tengo una extraña sensación.

Cuando nos dejó D'Angelo mi sensación fue de abandono, me sentí un poco desamparado, como si un hermano mayor se fuera sin avisarnos. Pero ahora lo que siento es culpabilidad. Siento que quizá fuimos nosotros los que olvidamos antes de tiempo a Juan. Que lo dejamos ir. Hablo en clave parasocial, ya que jamás le estreché la mano o le pude mirar a los ojos, pero desde que tengo dieciséis años sabía que existía, qué hacía y qué importancia tenía para mi.

Lo primero que toqué suyo fueron vinilos que llevaban inscrito su nombre y planchada su música. Como de tantas otras figuras. Recuerdo cuando hicimos el primer pedido de maxis directamente a Detroit, a Submerge, y a mi casa llegaron cosas como No UFO's o mi favorita: Night Drive (Thru-Babylon). En el lote también vinieron cosas de Transmat, Red Planet, Planet E o Underground Resistance. Por aquel entonces tuvimos que reconstruir la historia del Detroit Techno a nuestra manera, consultando información en el internet prehistórico y haciéndonos con todas las revistas medianamente accesibles (que no eran muchas).

Me acuerdo perfectamente que un día encontramos un foro perdido donde alguien había colgado grabaciones de Electrifying Mojo y su programa Midnight Funk Association. Aquello me tuvo años hechizado: un locutor misterioso de Detroit actuaba también como refugio para algunos curiosos chavales que estudiaban juntos y compartían su pasión por Kraftwerk y Parliament Funkadelic. Era un programa como los que yo quería hacer en la radio: ecléctico, sin prejuicios, que pasara del Techno al Soul sin tener que justificar nada.

Toda aquella inmersión con apenas 20 años me hizo entender muchas cosas, pero todavía ni lo podía verbalizar. Por ejemplo: cómo la música podía servir de realidad alternativa, como una vía de escape o directamente proponer una contramitología para entender el mundo. Cómo una escena hiperlocal podía llegar a influir de forma global y transversal. Cómo la música electrónica podía tener una narrativa más allá de lo puramente lúdico o funcional.

Sin conocerle de nada, Juan Atkins fue para mi como un médium, y todas las ramificaciones que surgieron de los Belleville Three (Derrick May, Kevin Saunderson y Juan Atkins) actuaron como intermediación entre yo y todo ese conocimiento. Él nunca lo sabrá, pero gracias a él conocí la obra de Alvin Toffler (varios de sus libros, como La Tercera Ola o El Shock del Futuro son fundamentales para entender el origen del Detroit Techno), o tuve el privilegio de entender mejor a Drexciya.

Resulta hasta un poco incómodo, y seguro que aquí más de una se sentirá identificada, reconocer lo poco que sabemos sobre las vidas de algunos músicos a los que hemos seguido durante décadas. Podemos reconstruir sus discografías, recordar las fechas de sus primeros lanzamientos, identificar qué sintetizadores o técnicas particulares utilizaron, incluso a qué otros artistas influyeron. Para nosotros son algo eterno, porque volvemos a ellos cuando lo necesitamos y no dependemos de sus cuerpos. Pero en realidad no sabemos absolutamente nada sobre ellos; nada sobre cómo han conseguido sostener sus carreras, qué condiciones han tenido que aceptar o si se sintieron realmente satisfechos con su legado.

Juan Atkins, pionero y "originador" del Detroit Techno, falleció el pasado 31 de octubre de 2026 a los 64 años, después de ser encontrado inconsciente en un hotel de Ciudad de México, donde tenía prevista una actuación el último fin de semana de octubre.
Juan Atkins (Cybotron, Model 500, Infiniti, Channel One, etc).

Imagina ser Juan Atkins y no poder evitar que el sistema te pase por encima

Al poblarse mi feed de homenajes y mensajes tributo al productor, sentí justamente lo que os describo: una extraña angustia por no haber conocido lo suficiente a alguien que creía conocer muchísimo. Había algo en mi que no quería saber nada de todo aquello, para poder retener intacta mi imagen de Atkins.

Pero vi el rostro desencajado de Derrick May en este vídeo y empezaron a brotar las preguntas. A May, amigo suyo desde la adolescencia, se le veía afectado y con un discurso entre la resignación y los remordimientos. En él recordaba que Juan llevaba años enfermo, aunque apenas hablaba de ello y "continuaba trabajando". Otros divulgadores cercanos compartieron el vídeo de May incidiendo en lo del desempeño: "los artistas no tendrían que verse obligados a trabajar hasta la muerte para sobrevivir".

Al momento, la abstracción que suponía Atkins para mi se volvió de carne y hueso: ¿cómo puede ser que Juan Atkins, el mismísimo Juan Atkins, tuviera que seguir girando para subsistir? Y súper inocente, casi como Jeff Mills en su carta, pensé: "¿acaso no era suficiente ser quien era?" Me vi a mí mismo dándome cuenta que Juan Atkins era otro mortal como cualquiera de nosotros. Y sintiéndome mal por no haberme preocupado más ante lo que parecía una situación de desprotección que yo jamás habría imaginado para alguien como él. Para una entidad a la que se le llama "godfather".

De repente, pasé de recordar mis momentos iniciáticos junto al mito a pensar que Atkins estaba trabajando por necesidad, que sus problemas de salud le habrían obligado a plantearse una retirada y que, por alguna razón, no se la había podido permitir.

El discurso ha cogido fuerza porque explica perfectamente la cruda realidad tanto de la industria musical como del turbocapitalismo o de su propio país, Estados Unidos (aquí puedes leer la pieza de Shawn Reynaldo al respecto). Es una historia que se repite demasiado a menudo: aquella de "el sistema le pasó por encima". Y siempre va con la misma cuestión de fondo: ¿quién tiene el privilegio de poder parar?