Hace unos días, Iker Jiménez anunció en varios de sus canales de redes sociales que está terminando un nuevo disco de música electrónica.
"Nada convencional", escribió, acompañando la publicación de un adelanto titulado Uranus, con una portada de estética futurista donde aparece él a modo de humanoide hecho de cristal, pero sin olvidarse de sus gafas de aviador. Para quienes todavía lo desconocían, el presentador de Cuarto Milenio lleva años haciendo música, tiene un perfil en Spotify y asegura haber compuesto unos 80 temas. Así lo contextualizó él mismo en X (Twitter) tras agradecer todos los comentarios generados por su avance.
Quién por el contrario haya seguido a Iker incluso antes de su "destape" neoliberal sabrá que es un profundo admirador de Jean-Michel Jarre y músicos de la misma estirpe. Quizá es ese factor "futurista" el que le ha hecho empezar a "explorar la producción con IA", según reveló en el mismo post. Lo hizo igualmente cubriéndose las espaldas: "siempre sobre mis bases", dijo, para que no quede lugar a dudas que la IA, en este caso, es su asistente y no la autora del resultado final.
Tengo que ser honesto: me crié viendo y escuchando a Jiménez hablar de todo tipo de teorías de la conspiración y fenómenos paranormales, desde apariciones marianas a casas encantadas o misterios como el del Área 51. Recuerdo que mi padre era más de Fernando Jiménez del Oso, del cuál tenía toda la colección de libros en casa, detalle que por otro lado pudo influir en mi precoz conexión con este tipo de personajes.
Hoy por hoy toda la simpatía que albergaba del anterior Iker se ha esfumado por completo. De hecho, ha metabolizado en asco y hastío; para el que no lo sepa, el mismo Iker Jiménez el que ahora presenta Horizonte, "un programa" o más bien uno de los principales escaparates televisivos del antisanchismo y de los discursos más reaccionarios procedentes de la derecha mediática. Es una forma de hacer televisión repugnante y donde el antagonismo, la insinuación y las acusaciones lanzadas sin apenas pruebas (y/o contraste) circulan ante más de un millón de espectadores cada semana.
Todavía recuerdo el episodio del aparcamiento de Bonaire, durante la DANA de Valencia de 2024. Jiménez llegó a asegurar en X (Twitter) que allí había numerosos cadáveres, contribuyendo a propagar un rumor que resultó ser falso: los equipos de emergencia no encontraron víctimas mortales en aquel lugar. Días después reconoció que había sido irresponsable y rectificó. Pero ya daba un poco igual, porque le había traído sin cuidado el contexto de emergencia o la incertidumbre que vivían miles de familias. Son formatos que viven de generar un clima de desconfianza permanente, haya quien haya al otro lado del auricular o del propio suceso.
Digamos que a mí me cuesta ya mucho separar el personaje o mi nostalgia de su actividad actual, y no es sólo por dos o tres bulos. Hace menos de un mes, la mujer de Iker Jiménez, Carmen Porter, se hizo viral en redes tras su irónico "hasta luego, Maricarmen", una despedida que fue seguida por las risas de algunos colaboradores allí presentes, así como la mirada traviesa del propio Jiménez. Tras el revuelo, desmintieron todo y acusaron al otro bando de descontextualización maliciosa, pero todos en nuestros adentros sabemos que ese atajo de infraseres quiso jactarse de la muerte de la anciana desahuciada, ahora convertida en icono por la lucha de la vivienda digna en este país.

"Suno te permite cosas que yo no sabría hacer" (Iker Jiménez)
Ahora, por si fuera poco, el tipo está entusiasmado con Suno.
En uno de sus fraternales vídeos en Instagram, el presentador explica cómo el propio Jean-Michel Jarre (de raíces socialistas, todo hay que decirlo) fue quien "le enseñó a experimentar con la IA". Tras repasar algunos plugins y particularidades de su proceso, así como detenerse un momento en varios sintetizadores, Iker incide en que la leyenda francesa "agradece siempre a la IA", para continuar con un "tanto que satanizan [...] ni que la música electrónica no fuera un arte de, sobre todo, ELECCIÓN".
Después pasa a recomendar directamente la plataforma en cuestión, la IA generativa + DAW actualmente más usado dentro de la industria musical. Como ya conté aquí, se trata de un proyecto que ya se está cargando roles intermedios en las industrias creativas y que tiene como objetivo "abolir el tiempo que dedicamos a hacer música".
En los comentarios del mismo vídeo, el productor catalán Alizzz le dejó un mensaje bastante elocuente: "Los duros no usamos Suno Iker! Aunque lo hagamos peor, sonamos mejor. Abrazo amigo". La respuesta del presentador fue todavía más interesante: "sunostudio te permite cosas que yo no sabría hacer".
Alizzz está defendiendo una relación con el proceso musical que admite (y parece elegir) la imperfección y las limitaciones propias sobre la automatización y la eficiencia. Jiménez, en cambio, celebra que una aplicación le permita obtener resultados que antes estaban fuera de su alcance, derritiéndose en alabanzas a la versión de pago de Suno.
Cuidado, estoy lejos de señalar a un personaje como Jiménez simplemente por usar Suno; ya son cientos de miles de profesionales y amateurs en todo el mundo los que usan la plataforma (aquí una lista de casos de penetración real en la industria), estemos o no de acuerdo en su discurso o en cómo han conseguido situarse en el mercado (a partir del scraping indiscriminado de material con derechos de autor). De hecho, siempre vale la pena recordar que llevamos décadas incorporando tecnologías que amplían nuestras capacidades musicales y reducen posibles fricciones (desde los secuenciadores y las cajas de ritmos hasta los instrumentos virtuales).

Lo que sí hago es una sencilla asociación: viendo el catálogo que Iker ya tiene en Spotify (con temas como Soviet Robota, Synapsys, Tanit, Moonbrick o Horizoon), y aunque desconocemos cuánta de su reciente producción ha sido "acelerada" o "aumentada" gracias a apoquinar su cuota mensual de Suno, sí nos podemos imaginar que a corto plazo el nivel de contenido empezará a incrementarse. Al fin y al cabo no me imagino a Jiménez poniéndose unas vendas en las manos y bloqueándose el acceso a la aplicación. Lo normal, como le pasa sociológicamente a todo el mundo que usa IA generativa, es que su repertorio se acabe multiplicando, así como sus horas destinadas a la "ociosa creatividad".