Mientras hablamos, las grandes majors están intentando diseñar cuál será el nuevo modelo de "interacción" musical predominante en los próximos años. Como podéis ver, no uso "consumo" o "escucha", sino "interacción": como ya expliqué en esta pieza, las grandes discográficas (encabezadas por Universal Music Group), buscan una nueva experiencia entre artista, catálogo y fans en formato "circuito cerrado" y con posibilidad de personalización total. Que el oyente mismo pueda generar la música que prefiera usando los estilos y singularidades de sus artistas predilectos.

Cómo piensan retribuir a sus artistas y cómo piensan averiguar los datasets que usan los motores de IA generativa para expulsar cada nueva "creación", todavía está en el aire (aunque ya se intuyan las primeras señales, como el concepto de la "autoría estadística"). Mientras, la SLOPificación sigue abriéndose paso por servicios de streaming y los titulares de prensa; plataformas como Suno y Udio generan millones de "nuevas canciones" al día y, el sistema, incapaz de frenar tal contaminación, está generando todo tipo de "bad actors" que se intentan aprovechar de sus fallas. Ejemplo: crear en masa nuevos artistas sintéticos + música con IA generativa, inundar alguna plataforma (o varias simultáneamente) y, a través de las granjas de bots, aumentar los streams y posicionamiento de ese catálogo.

Con este panorama, es normal que el debate sobre música generada por IA se haya quedado atrapado en otro teatro binario (progreso contra "neoludismo", magia contra robo) mientras lo que se está jugando es la sostenibilidad de un mercado de confianza: la posibilidad de que alguien pague por música sin sentir que la compra dentro de una niebla de catálogos automatizados, procedencias opacas y motivaciones parasitarias.

¿Y Bandcamp? ¿Cómo se siente? Dan Melnick, General Manager en la plataforma, comentó al Financial Times que "este es el momento para que las plataformas sean claras", añadiendo que "los fans merecen claridad sobre cómo se ha creado la música que apoyan". Mismo mensaje que Adam Mosseri, el de la "confianza institucional", pero aplicado de muy distinta forma: el pasado 13 de enero, Bandcamp anunció que "la música y el audio generados total o parcialmente por IA no están permitidos".

Lo primero: ¿qué ha dicho Bandcamp exactamente?

El comunicado lo titularon "Manteniendo Bandcamp humano". Hasta aquí, todo coherente: la empresa plantea su política como una extensión natural de su misión → mantener el ecosistema "humano" como condición de funcionamiento. Pero el texto revela enseguida la tensión central entre una buscada "contundencia pública" y lo que podría ser la "aplicabilidad real". Prohíben música y audio "generados total o sustancialmente" por IA, prohíben el uso de IA para impersonar artistas o estilos, y se reserva el derecho a retirar contenido basándose en la "sospecha" de generación.

Cada columna del mensaje parece firme hasta que intentas imaginar el cómo. "Sustancialmente" NO es una categoría estable, es una discusión futura sobre umbrales, pruebas y excepciones en un mundo donde la música ya se produce por stems, capas, correcciones, asistentes y trizas invisibles de cientos de procesos anteriores. "Impersonar artistas o estilos" junta algo suficientemente claro ("estafa, suplantación") con algo más que difuso ("el estilo como objeto rastreable") en un ecosistema donde influencias, remezcla y referencias han sido siempre los grandes reactores. Y "remove on suspicion" es lo más determinante: el comunicado fija el "qué" pero no explica el "proceso", y al no explicitarlo, lo sustituye por discrecionalidad.

Lo que parecía una postura ética y moral desvela un régimen de arbitraje del que ni Bandcamp sabe muy bien las normas: quién decide, con qué método, y qué precio se paga en falsos positivos, paranoia colectiva y "parcialidad" performativa. ¿Qué se considera exactamente "IA" en un workflow contemporáneo y qué umbral convierte un uso parcial en una infracción?

Esta duda también sobrevuela sobre el acuerdo que firmaron el pasado mes de octubre ASCAP, BMI y SOCAN: estas PROs (Performing Rights Organizations) ya aceptan obras "parcialmente generadas por IA", y las consideran parte íntegra del repertorio a licenciar. Pero, en la pieza que analizo susodicho acuerdo, se advierte: "como venimos indicando, todavía no existe un método verificable para medir esa "parcialidad", ni se exige trazabilidad técnica: basta con que el compositor declare que hubo intervención humana".

Resumiendo: mientras en un acuerdo la ambigüedad puede convertirse en una ventaja para muchos artistas (ejemplo: declarar que no has usado IA aunque lo hayas hecho ya que el sistema no lo puede dictaminar con precisión), en el territorio Bandcamp acabará generando un estigma (si el sistema de defensa de la plataforma detecta un mínimo de presencia de IA, aunque no sepamos cómo van a certificarlo, el contenido se eliminará).

¿Cómo está Bandcamp ahora mismo?

Bandcamp parece sano en cuanto a caja (mueve dinero y unidades reales) pero lleva varios años con su musculatura tocada (equipo y gobernanza tras varios cambios de propiedad → Epic → ahora Songtradr), y por eso parece que sobreactúa para regenerar su identidad (Bandcamp Clubs, prohibición IA) y como mecanismo para devolver algo de "confianza".

*Datos relevantes:

  • Dinero total pagado a artistas/labels (histórico): ≈ 1,41 mil millones € (US$1.66B).
  • Gasto en el "último año" (fans): ≈ 178 millones € (US$210M).
  • Unidades vendidas en el último año:
    • 14,6M álbumes digitales
    • 11,2M tracks
    • 1,55M vinilos
    • 800k CDs
    • 250k casetes
    • 50k t-shirts
  • Precio de Bandcamp Clubs: ≈ 11,02 €/mes (US$13/mes).

*Datos extraídos directamente de Bandcamp.


Señales positivas

  • Volumen anual alto y diversificado (digital + físico) con dato oficial.
  • "Bandcamp Fridays" continúa en 2026.
  • Producto nuevo (Bandcamp Clubs): apuesta por curaduría humana y modelo Patreon "subscribe-to-own" como refuerzo de su énfasis anti-algoritmo.

Señales negativas

  • Shock interno: tras la compra por Songtradr, solo el 50% del staff recibió oferta (recorte masivo de facto).
  • Riesgo operativo directo: menos equipo suele implicar menos capacidad editorial/soporte/moderación, y eso erosiona confianza.
  • Fricción reputacional y laboral alrededor del proceso de adquisición/reestructuración.

La dualidad moral de una postura como la de Bandcamp...