Texto basado en mis conversaciones con Ildefonso Aguilar a finales de 2016 y publicado originalmente como liner notes para la reedición oficial de Erosión, llevada a cabo por el sello Guerssen en 2017. Se recupera íntegro, aunque acompañado de un breve epílogo que surge tras revisar en 2026 el concepto de la obra.


Erosión es la música que emana de la Tierra. Aquel sonido que no podemos escuchar al caminar por el primitivo paisaje de Lanzarote. Una banda sonora creada estrictamente para potenciar la intensidad geológica de un escenario único.

Ildefonso Aguilar posee un fuerte vínculo con el espacio natural de la isla, y éste ha vertebrado toda su obra artística desde que cursara sus estudios de Bellas Artes en Santa Cruz de Tenerife a principios de la década de los 60. "Me adentro con frecuencia en el paisaje, observo detenidamente los lugares, intento descubrir aquello que no percibo directamente ni con la mirada ni con el oído", comenta Aguilar sobre su proceso creativo.

Su intención ha permanecido intacta hasta hoy: materializar sus experiencias y ejercer de transmisor entre nosotros y lo terrestre expresando aquello que no podemos ver. El énfasis del artista por describir esa energía oculta resultó en la unión de dos de sus pasiones innatas: la música y su tierra. "Siempre creí que ese paisaje tenía una música", dice cuando se refiere a la geología volcánica, solitaria y magullada de Lanzarote.

Timanfaya

En 1975 se funda La Ruta de los Volcanes en el Parque Nacional de Timanfaya, también conocido como "las montañas de fuego" (Lanzarote), un recorrido de 14 kilómetros en los que el visitante se adentra en los cráteres, mares de lava y desiertos de ceniza volcánica resultantes de los procesos eruptivos y drásticos cambios morfológicos que sufrió la isla entre 1730-1736 y posteriormente en 1824.

Con la idea de reforzar la estética del paisaje y generar una adecuada atmósfera acústica durante el recorrido, Ildefonso creó una banda sonora que acompañaba al visitante y potenciaba su comunicación con la tierra. Las primeras piezas experimentales del artista se concibieron con esta finalidad: acompañadas de una escrupulosa guía hablada, ayudaban al oyente a comprender mejor el lugar donde se encontraban.

Eran "espacios sonoros que flotan en estos lugares, no pretenden tener una relevancia por sí mismos, se busca que envuelvan, que se integren en lo que visualmente contemplamos" explica Ildefonso sobre aquellas ambientaciones, ideadas para "que no sean referencias musicales que se separen de lo que observamos".