Seguro que no soy el único al que su madre le escribe con capturas de pantalla de productos que quiere que le pidas por Amazon. Zapatillas de estar por casa, una funda para el smartphone o una freidora de aire; el historial es enorme. Qué menos que concederle todos los deseos posibles a la persona que te ha aguantado todos estos años. El otro día me mandó un mensaje preguntándome si podía pedirle un libro que prometía "aprender a transitar el duelo y cómo sobrevivir a una pérdida". Era uno de esos best-sellers de Amazon con citas de recomendación en la faja y portada cálida. Y parecía estar autoeditado por la propia escritora (la cuál no mencionaré para no dar más impulso a este tipo de publicaciones).

Mi padre, su marido, murió el pasado 13 de enero tras más de una década como enfermo crónico. Yo, como hijo único, tuve una relación delicada con él y ya estoy atravesando mi propio proceso. Magdalena, por su parte, lo está llevando fenomenal y poco a poco va creándose su nueva vida: más soledad pero también más libertad. En cualquier caso, me dijo que a través de Instagram llegó al libro y tras leer un extracto, le picó la curiosidad.

Tras llegarle a su casa en Palma, me volvió a escribir: "está muy bien, es exacto a lo que te pasa, me gusta como lo explica y es bueno de leer con las letras grandecitas". Entonces el curioso fui yo: busqué un extracto disponible y confirmé mis pensamientos intrusivos. En la segunda página ya lo tenía claro: los guiones largos, las tríadas, las disyuntivas, push line tras push line, la fluidez sin una sola aspereza y los cierres de bloque con pequeñas epifanias. Más allá de los tics que delataban a la IA generativa, estaba aquel consuelo genérico, uno que sirve para cualquier duelo porque realmente no ha atravesado ninguno. Un precioso libro sobre la muerte escrito por nadie.

Al momento, pensé: ¿se lo digo o no se lo digo? ¿Qué hago con esta información? Intenté ser objetivo y llegué a la conclusión de que saber que aquel libro lo ha escrito un LLM no iba a ayudar a mi madre. A alguien que acaba de sufrir una pérdida le importan muy poco mis habilidades de detección o las problemáticas implícitas de "consumir" ese texto. El producto hace su función y genera correspondencia emocional, y eso es más que suficiente para mi madre.

Bootleg de @johandeckmann asistido por LLM.

Desde el lanzamiento de ChatGPT, los libros publicados mensualmente en Amazon se han triplicado.

Aquí, en el paper titulado AI and the Quantity and Quality of Creative Products: Have LLMs Boosted Creation of Valuable Books? lo dice bien claro.

"La introducción de los LLM se asoció con un rápido aumento en el número de nuevos lanzamientos de libros electrónicos y una disminución en su calidad promedio".

Ante uno de estos libros, el primer impulso siempre es indagar y buscar qué o quién hay detrás. Yo no he escrito ningún libro todavía, pero mi producción escrita es abultada, así que el arrebato fue empezar a buscarme a mí mismo en Amazon, a ver si por casualidad alguien me había robado la identidad y editado en mi nombre, como le pasó a Ted Gioia. La periodista Kashmir Hill hizo lo mismo cuando encontró en Amazon una biografía suya que no había escrito ni autorizado: noventa páginas de datos públicos mezclados con relleno de astrología.

Hill, tal y como cuenta en esta pieza del New York Times, persiguió al autor esperando alguna trama o, al menos, poder ponerle rostro al fraude. Encontró a Bill Johns: setenta años, jubilado de la ciberseguridad, con su propio "tiki bar" frente a la bahía de Chesapeake (Virginia, Estados Unidos) y 445 libros hechos con ChatGPT capítulo a capítulo. Siete dólares por copia. La campaña de navidad le dejó 821 ventas y casi 6.000 dólares de beneficio. Su objetivo era publicar diez libros por semana, el máximo que Amazon permite. El fabricante del SLOP no es un imperio sino un jubilado costeándose las copas.

¿Dónde está el problema? ¿En las "máquinas" o en nosotros?