Texto basado en mis conversaciones con Luis Delgado y Elena Rúa (viuda de Juan Alberto Arteche) a mediados de 2022 y publicado originalmente como liner notes para la edición de El Pulso de la Madera, llevada a cabo por el sello Glossy Mistakes en 2023. Se recupera íntegro, aunque acompañado de un epílogo que surge tras revisar en 2026 el concepto de la obra y el colectivo artístico.
No es difícil imaginar a Juan Alberto, Luis y Javier conversando en la Cafetería Oliveri tras la visita a alguna de las exposiciones que les recomendaba el primero. O en la cafetería del cine Alphaville, tras el pase de alguna de las cintas independientes y en versión original que se solían proyectar en el influyente multicine fundado por Emilio Urdiales y situado en el corazón del barrio de Argüelles. Allí, en la Calle Martín de los Heros, apenas cabían 100 personas, y entre los habituales se encontraban Arteche, Delgado y Bergia, quienes solían reunirse para ver alguno de los largos y para los coloquios posteriores.
Aquel lugar de culto, donde se exhibía desde 1977 "lo más marginal del cine comercial y lo más comercial del cine marginal", habitaban de forma heterogénea todas las dimensiones artísticas de lo que más tarde se denominaría "La Movida Madrileña". Aunque ese movimiento que simplificó el renacimiento cultural posfranquista, desde la "dictadura más blanda" a la culminación de una libertad de expresión sin precedentes con la llegada de Enrique Tierno Galván a la alcaldía de Madrid (desde 1979 a 1986), poco tenía que ver con aquel grupo de jóvenes.
Lejos de identificarse con la cultura pop, representaban un mundo aparte, como lo define Luis Delgado: "había un sector sociomusical del que no nos enterábamos, no nos veíamos influidos o afectados por toda la esfera comercial". Bergia, por su parte, cree que "la música en sí misma en esa escena no era muy impresionante". La suya era una actividad que se desarrolló en el subsuelo, haciendo casi oídos sordos al mainstream de la época: "eran la contracultura de la contracultura" afirma Mario G.R, fundador de Glossy Mistakes.

"Simplemente fluir"
Contextualmente, la revolución artística y sonora de Arteche, Bergia y Delgado comienza con la fundación en 1964 de Atrium Musicæ de Madrid, el colectivo vocal e instrumental liderado por Gregorio Paniagua que enseñó a una nueva generación de músicos locales a "vivir la música antigua de otro modo, desde dentro", según afirma Delgado, quien precisamente conocería a Javier Bergia en el grupo a mediados de los 70.
Ambos, cerca de la veintena, coincidieron bajo la dirección del maestro Paniagua mientras Juan Alberto Arteche, una generación más mayor, se encontraba viviendo su apogeo a través del grupo de Folk Nuestro Pequeño Mundo. Aquel fue uno de los proyectos que revolucionaron la tradición y folclore popular, gracias en parte al tono vanguardista y timbre multicultural que aportaba la teoría y práctica del propio Arteche.
Conceptualmente, la revolución que lideraron aquellos tres jóvenes se basaba "en el fluir", tal y como lo recuerda Elena Rúa, viuda de Juan Alberto Arteche, al recordarles: "Estaba alucinada. Me fascinaba ver a esos músicos tan guapos haciendo música con llaves, con lo que tuvieran a mano. No necesitaban a un público que les aplaudiera para pasárselo bien. Iban al Retiro. parecían un grupo de percusión. La música la improvisaban al igual que improvisaban lo que contaban. Iban a una vieja fábrica de cerámica y se quedaban tocando, y hablando. Todo era como un fluir. La palabra es "fluir"".
Bergia y Delgado ya consideraban a Arteche un referente cuando, por casualidad, alrededor de finales de los 70 y comienzos de los 80, se encontraron con él en una jam session, un formato muy común en aquella época y en aquel núcleo contracultural en concreto. De hecho, si se investiga y se profundiza en los créditos de la mayor parte de material discográfico y grabaciones del entorno, se llega a la conclusión de que aquella escena de creativos vivía en algo así como "una jam session constante".
Sería en el primer LP del conjunto de Folk con tintes experimentales Babia (de título Oriente-Occidente, editado en 1982 y presentado, paradójicamente, en la cafetería de los Cines Alphaville), co-fundado junto a Luis Paniagua (hermano de Gregorio), donde Arteche y Delgado encuentran la puerta que les llevaría a entrar en lo que más tarde se conocería como Finis Africae.

Arteche: en busca de la armonía
Nacido en Palma de Mallorca en 1947, Juan Alberto Arteche pasó su infancia en Madrid y dirigió en un principio su torrencial creativo hacia las artes plásticas, haciendo honor a la tendencia familiar (Arteche era bisnieto, nieto y sobrino de pintores). Delgado le recuerda como "un artista total", "un poeta": un arquetipo de creativo multidisciplinar que amasó una gran obra no solo musical, sino también pictórica, visual, fotográfica y multimedia.