Uno de los muchos comentarios para el Tiny Desk de Amaia alojado en YouTube, dice:

"nos dio piano, nos dio silla travesera, nos dio magic inglis, nos dio bachata, nos dio folclore, nos dio palmas, nos dio japonés... que más se puede pedir".

Funciona casi como inventario informal de la actuación, describiendo una sucesión de gimmicks, pequeños "puntos de agarre". Sin movernos de la sección de comentarios, esa nueva institución cultural global y plaza descentralizada donde se mezclan crítica espontánea, fanatismo, descubrimiento y descontextualización, los elogios son casi unánimes: "This is incredible. Had never heard of Amaia before! Nice find! Thanks NPR!", "This is the best Thursday morning I’ve had in 4 years", "Que en estos tiempos de IA seas capaz de eso es, cuanto menos, quijotesco. Gracias por tanta belleza". Al margen de si Amaia Romero te entra por un ojo o por otro, resulta difícil no reconocer la diversidad tonal, la personalidad y el eclecticismo que sostiene la actuación.

Tras 5 segundos de scroll, daremos con un comentario muy similar al que hace 10 días me sacó a mí mismo de mi cueva mental y me puso a reproducir este Tiny Desk: "Is she playing a freakin chair???? Amazing." Durante las primeras horas, quizá durante los primeros días, gran parte de la conversación parecía "agarrarse" a ese detalle: a los 2 minutos, la de Pamplona se levanta y convierte una silla plegable de oficina en una flauta travesera. Una encantadora torsión de lo cotidiano.

La "silla-flauta" es una creación de Xavier Lozano, polinstrumentista catalán afincado en Ames, que lleva más de 30 años convirtiendo objetos cotidianos en instrumentos: desde una regadera, a una escalera, una manguera, muletas, ladrillos y hasta bicicletas. El peculiar instrumento es central en la investigación conceptual de la Real Banda de Cadeiras Encartables, en Galicia.

Con tan sólo un paseo encontraremos cientos de vídeos derivados ("paracontenido") reaccionando o analizando el Tiny Desk, todos destacando el espectacular sonido, la variedad de estilos y el talento de la banda y, después, centrando el protagonismo en explicar "qué había sido eso de levantarse y tocar la flauta". Otros también aportan contexto relacionado, nombrando a proyectos como Fetén Fetén.

Sin ese trigger, ¿se hubiera propagado tanto y tan rápido la actuación de Amaia? ¿Cuánta gente vio realmente el concierto y cuánta vio la anomalía que permitía hablar del concierto?

Sin la "silla-flauta", el Tiny Desk de Amaia apuntaba a lo antimemético...

En su esencial Antimemetics, Nadia Asparouhova recuerda que los memes funcionan como "paquetes ligeros": reducen una idea a una forma manejable, repetible y fácil de transportar. Son el lenguaje perfecto para la descontextualización crónica del espacio digital, porque comprimen contexto y, a su vez, el contexto no es estrictamente necesario para entenderlos.

Su reverso, lo antimemético, no es necesariamente lo aburrido, ni lo difícil, ni lo minoritario, pero sí aquello que cuesta mantener en la cabeza, explicar, compartir o sostener públicamente (a pesar de su importancia). Para identificar algo antimemético, sólo tenemos que formular ciertas preguntas: ¿cuánto contexto necesita, cuánto esfuerzo pide, cuánto tarda en producir recompensa, cuántos códigos exige antes de acceder?