A comienzos de los 2000, yo quería fundar mi propia Nación Zulú. Sólo con teclear estas palabras ya me estoy avergonzando, pero aún así voy a seguir con este ejercicio de autointerrogación primero y de honestidad táctica después. Para escribirlo, me he puesto el documental de 2001 titulado Scratch (dirigido por Doug Pray) de fondo; como seguro muchas melómanas de mi edad, recito sus diálogos casi sin esfuerzo.
Muchas de esas frases acabaron siendo jingles de uno de mis primeros programas de radio en Mallorca. Escuchar, además, algunos de los fragmentos rítmicos que el documental esparce con coherencia a lo largo de todo el metraje es algo casi regresivo. No sé si la sensación es la del placer o la tranquilidad. O ambas a la vez.
Fue cuando mis intuiciones alrededor del nacimiento del Hip Hop se reforzaron, cuando comencé a entender su verdadero andamiaje creativo (desde el toasting jamaicano al sampling, la selección de breaks o el turntablism), filosófico y antropológico. Y, sobre todo, cuando me sentí seducido por su espíritu comunitario, estético y comencé a rendir pleitesía a algunas de sus principales figuras totémicas: Grandmaster Flash, DJ Jazzy Jay, Kool Herc o Afrika Bambaataa.
Por aquel entonces, una de mis frases más escritas en mis blocs de notas era "one nation under a groove". Porque Bambaataa la mencionaba en el documental y aquello me hizo descubrir a Parliament Funkadelic. Le estaba eternamente agradecido por aquel link contextual que me había regalado tardes y tardes en cubetas rebuscando para encontrar ilustraciones de Pedro Bell.
En 2007, mi revista favorita, Wax Poetics, publicó un extenso reportaje sobre Bambaataa, The Soulsonic Force y la época de Planet Rock (1982). En el artículo se trata a Bambaataa como un líder, "un señor de los discos", un inmenso selector y, sobre todo, un pacificador. Hay un momento en el que Mark McCord comenta en el texto: "In Bambaataa's Nation, young men are called kings and women are queens".
Hace una semana me puse a releer aquella pieza y sentí que, más allá de intentar cambiar mis recuerdos de manera forzosa, sí debía revisar mi relación con el legado de Afrika Bambaataa.

Bambaataa, gurú espiritual del primer Hip Hop comunitario y acusado de violencia sexual por 12 hombres.
De nombre real Lance Taylor y nacido en el sur del Bronx (Nueva York), Bambaataa fue una figura esencial en la creación de una cultura estéticamente dominante a nivel global. En su fundamental título Can't Stop, Won't Stop: A History of the Hip-Hop Generation, Jeff Chang lo considera "el precursor prometeico de la generación del hip hop". Portaba cascos vikingos, prendas africanas y su estilo y carisma fue rápidamente relacionado con otras figuras de la cadena afrofuturista, tales como Sun Ra o George Clinton.
Sobre el mismo Afrika Bambaataa pesaban acusaciones públicas de abuso sexual desde 2016, iniciadas por Ronald Savage (quien sostuvo que Bambaataa abusó de él varias veces en 1980 y de lo que se retractó en 2024) y seguidas por otros denunciantes: un total de 12 hombres que acusaron al DJ de conducta sexual impropia. Él negó todas y cada una de las acusaciones, asegurando que eran "actos fruto de la cobardía".
En 2016 salió de la Universal Zulu Nation (así como los que encubrieron las acusaciones de abuso) en medio de la crisis, pero la organización terminó pidiendo disculpas por su respuesta inicial. En 2025 perdió un caso civil en Nueva York por abuso sexual infantil y tráfico sexual mediante "sentencia en rebeldía", al no comparecer ante el tribunal. Eso no equivale exactamente a una condena penal tras juicio, pero sí hace muy difícil tratar el caso como si hubiera quedado en simples rumores o en otra polémica más.
