A los seis minutos y ciencuenta segundos del FIFA World Cup 2026™ Topps Final Halftime Show podemos ver el rostro de Justin Bieber alcanzar el máximo de quemazón. La cara del artista es prácticamente de color naranja, y detrás suyo se pueden intuir miles de camisetas rojas igual de saturadas. Lejos de asemejarse a una golden hour, esta última retransmisión seguía la tónica impuesta por la realización en todo el torneo: colores ultrallamativos, bordes dorados desproporcionados, el contraste reventado y la sensación de estar en un videojuego de EA Sports.
Esto es una suposición, pero me cuadraría que alguien del control central hubiera ordenado seguir la regla de "cuanta más intensidad, más vida". "Esto está muerto por dentro, así que sube el color al máximo, así parece que aún respira". Si por cualquier cosa interrumpías el visionado de algún partido, te dabas cuenta del esfuerzo que estaba haciendo tu retina. Si decidías incluso levantarte y salir de plano, se te aparecía Slavoj Žižek para susurrarte aquello de "bienvenido al desierto de lo real".
La frase que Morfeo pronuncia en The Matrix dialoga con los argumentos de Jean Baudrillard sobre la "hiperrealidad": hemos producido tantas representaciones (publicidad, medios, entretenimiento) que estas han terminado reemplazando aquello que debían representar. Cuando desaparecen las copias y las simulaciones, lo único que queda es el "desierto" de lo que solía ser. Žižek utilizó después la misma expresión para titular su libro sobre el 11-S: el "desierto" aparece cuando un acontecimiento perfora la fantasía cotidiana y nos obliga a enfrentarnos a las desigualdades, los traumas y los conflictos que esa fantasía mantenía fuera de campo.
En esta Copa del Mundo de Fútbol, y en concreto en el espectáculo del medio tiempo, todo debía ser más nítido, más brillante y más emocionante de lo que ninguna experiencia pudiera soportar. Las texturas de las que hablo recuerdan además al empastado habitual de la imagen generativa: pieles convertidas en masas beige y anaranjadas, banderas incandescentes, el verde del césped era más verde que el césped real más verde y el subidón de contraste parecía separar cada figura del fondo (como si todo tuviera que ser reconocido instantáneamente por una máquina). Como si en vez de enseñar un espectáculo o un partido, quisieran generar el promedio hipertrofiado o la idea estadística de cómo debería verse un gran acontecimiento deportivo.

Un espectáculo, un prompt y SLOP ceremonial.
El propio halftime parecía responder a un prompt: "Genera un espectáculo de once minutos que represente la unión global mediante las mayores estrellas disponibles, fútbol, música, emoción, diversidad, infancia y esperanza". El resultado fue Madonna llegando en un buggy conducido por Ronaldo y Ronaldinho; Gustavo Dudamel dirigiendo a una orquesta acompañada por los Muppets; BTS modificando Dynamite para incluir la frase "King Kong, kick the ball"; los personajes de Ted Lasso introduciendo a Justin Bieber; Shakira y Burna Boy interpretando la canción oficial y Chris Martin cerrando el conjunto con un coro infantil, personajes de Sesame Street, fuegos artificiales y la palabra LOVE desplegada sobre el campo.