La Copa Mundial de Fútbol me traslada cada cuatro años a mi infancia, al momento en el que sólo me importaba mi álbum de cromos de toda la historia del torneo. Me acuerdo que acabé perdiendo aquel tesoro y tuve uno de los primeros traumas de mi vida; regresé varias veces al bar donde me lo dejé cuando estaba con mi abuelo y todavía hay veces que me sueño a mí mismo reencontrándolo.

Hoy digo que "lo perdí", pero en su momento me inventé todo tipo de teorías: que alguien lo había sustraído de la silla donde lo dejé sin que me diera cuenta; que mi abuelo lo escondió para calmar mi obsesión y luego lo acabó perdiendo él; que el destino quiso hacerlo desaparecer para, justamente, convertirlo en un mito. Lo más probable es que me despistara y alguien que pasaba por allí se lo acabara quedando para regalar a sus hijos o sobrinos. Pero un descuido accidental no tiene nada de excitante. En las otras versiones que yo mismo relataba cuando me preguntaban, mi desgracia tenía unas causas y yo ocupaba el centro de la tragedia en todo momento.

No pude evitar pensar en todo esto después de la final del Mundial entre España y Argentina, celebrada el pasado domingo 19 de julio. Fue sobre todo unas horas después del pitido final, la tangana posterior y el desplante de los jugadores argentinos al negarse a contemplar la entrega del título a España. Mientras se acumulaban en YouTube centenares de vídeos elogiando el juego de la selección y recogiendo reacciones, en los hilos de comentarios de algunos medios digitales de Argentina habían empezado a crecer diversas teorías que "explicaban" la desdicha de Messi y su equipo.

En un post viral de Filo News, donde se presencia la "arenga" del astro argentino a los jugadores titulares justo antes de saltar al terreno de juego, aparecen comentarios de este tipo:

"Todo muy raro, las caras largas, algunos lagrimeando antes de jugar, las energías muy bajas pero no solo la selección, varios estuvimos ayer con dolor de cabeza, sueño, cosas rara en el ambiente! Como dijo un comentario más arriba, esto ya estaba planificado, que argentina pierda! Ya salieron a la cancha con las caras largas, la agenda de las grandes élites ya se sabía, lo sabía The Economist, es terrible".

En una primera instancia, no le di importancia; al fin y al cabo, cualquier evento monocultural que se precie cuenta con su enorme surtido de interpretaciones y teorías, así como su gruesa cantidad de "contenido derivado". Pero al descender, percibí que aquel enfoque empezaba a ser el predominante, al menos en aquel lugar de internet. Muchos recalcaban los rostros (serios) de los jugadores, otros interpretaban el "pensemos sólo en jugar" de Messi como algo sospechoso: ¿por qué no decía "ganar"? ¿A qué viene ese "olvidémonos de todo"? Estuve horas monitorizando el susodicho post y no paraban de aparecer nuevos comentarios:

"Hay gente muy poderosa por encima de los presidentes que tienen una agenda. No es conspiración, ya están mostrándonos todo en la cara! Está todo conectado y organizado. Hay otros intereses detrás del fútbol, en realidad esto fue un ritual como recurso para lograr otros propósitos. Les parece normal que messi haya hecho una publicidad con lamine hace 19 años? No se les hace raro que hayan sacado eso a la luz? Está todo programado. No se enojen, sólo sepan que aunque todo parezca una locura, les juro que la verdad les va a terminar dando paz!"

Obviamente, después de mostrar interés, mi algoritmo se puso a trabajar: reels que aseguraban con mucho énfasis que "Argentina se había dejado ganar", otros que planteaban como profética esta portada de The Economist lanzada en noviembre de 2025 (donde aparece un jugador de fútbol vestido completamente de rojo, el mismo color corporativo del medio y el escogido para la ilustración completa de su recopilación de predicciones anual, The World Ahead), y otros tantos que insinuaban que perder la final era el "precio a pagar" por mostrar la bandera de las Malvinas tras ganar la eliminatoria con Inglaterra ("Chicos, pusieron Malvinas en el foco del planeta 48hs seguidas... OBVIO que los apretó todo el submundo y no iba a ser gratis").

Sin movernos del mismo hilo de comentarios, un usuario asegura que "antes de comenzar la final el cuerpo técnico y los jugadores recibieron la orden de perder el partido". Otro, comenta: "Scaloni queriéndose retirar después de todo lo que hizo por este equipo ? Raaaaro tal vez un día puedan hablar y así sabremos qué pasó. Algo me huele turbio por acá".

En cuanto al partido en concreto: España se impuso por un gol de Ferran Torres en el minuto 106, después de dominar durante buena parte de los 120 minutos que duró el encuentro. Las estadísticas oficiales registraron veinte remates españoles frente a dos argentinos; ninguno de estos últimos fue entre los tres palos. España, y Unai Simón, terminó el campeonato habiendo recibido un solo tanto. En el fútbol siempre hay detalles que se pueden discutir, es parte de su encanto, pero resulta difícil dudar de este conjunto de datos.

Puede que el propio diseño algorítmico haya hecho que el sector de streamers ruidosos y cuentas cabreadas en Argentina esté ganando presencia en mi feed, pero mi pregunta esencial va más allá de lo anecdótico: ¿cómo puede un aficionado argentino (y todos tenemos en mente a "un aficionado argentino") ni siquiera insinuar que su equipo iba a dejarse ganar en el mayor y más importante evento deportivo de cuantos existen en el mundo?

Si esos comentarios han sido escritos por personas reales y no son sintéticos, ¿son los mismos aficionados que "alquilaron un bebé" para colarse en uno de los partidos de su selección o los que recurrieron a un crédito pedido por su madre para asistir a la final? ¿Son los mismos que darían la vida por su selección? Huelga decir que cuanto mayor es la inversión emocional (y económica) en algo, más insoportable puede resultar una derrota y, sobre todo, más tentador convertirla en material reactivo.

Argentina (y España): atrapadas entre dos "conspiraciones".

A día de hoy, mientras escribo esta pieza, la narrativa del "amaño" sigue acumulando contenidos de todo tipo (algunas noticias incluso insinúan que familiares de los futbolistas argentinos habían sido presuntamente amenazados, o que el FBI tuvo algo que ver), desde muchos enfoques diferentes, aunque ni los jugadores ni la AFA (Asociación de Fútbol Argentino) han mostrado ningún tipo de alineación con estas "teorías alternativas".

Lo más irónico es que 120 minutos antes del desenlace era la propia Argentina la que partía de antemano como "sospechosa". Durante el torneo había crecido la idea de que la FIFA quería volver a coronar a Messi y que determinadas decisiones arbitrales protegían su camino: la federación egipcia cuestionó la equidad del arbitraje tras su remontada, Hossam Hassan habló de injusticia y la expulsión de Breel Embolo en cuartos alimentó la sensación de una sucesión de favores.

A esa "sospecha deportiva" se sumaron denuncias de violencia y racismo contra sectores de la hinchada, la investigación abierta por el insulto a IShowSpeed y el antecedente del cántico discriminatorio de 2024. En la previa de la final, varios medios recogían ya que una parte de Latinoamérica prefería que ganara España. La hostilidad mezclaba revanchismo, resentimiento por la hegemonía de una selección acostumbrada a ganar y viejas disputas regionales; había hechos factuales concretos, generalizaciones, mucho vídeo fragmentado y otras falsedades que terminaron fundiéndose dentro de un mismo flujo acumulativo que desde Argentina fue leído como una campaña internacional de desprestigio.

No me extrañaría nada que las cuentas que empujaron esta "sensación" de que Argentina era el "campeón ilegítimo y/o el villano protegido por la FIFA" sean (muy probablemente) los mismos medios, influencers, comentaristas y streamers que ahora se encuentran dando oxígeno a la narrativa del "amaño".

El gran partido empezó así con dos desenlaces ya escritos. 1) Si Argentina ganaba en Nueva York, confirmaría que el torneo estaba preparado para Messi. Y 2): si perdía, demostraría que la campaña contra ella había cumplido su objetivo. Después de la derrota, la "sospecha" sólo cambiaba su orientación, y Argentina pasó de beneficiaria del arreglo a víctima de un plan para entronizar a una "nueva generación española" (con un plantel de jugadores que además era un ejemplo de diversidad cultural e identitaria).

Porque las narrativas de la conspiración pueden cambiar "culpable" y "víctima" a su gusto mientras conserven "la existencia de un plan".

Narrativas de la conspiración: ¿qué sustrato hace que prosperen y predominen hoy en día?

Como siempre digo: hay un gorro de papel de aluminio anti-5G en todos nosotros. ¿Quién no se ha pasado un día entero en algún rabbit hole de YouTube consumiendo vídeos sobre terraplanismo o sobre el Área 51? ¿Quién no ha mirado fijamente a una paloma en la calle para comprobar por sí mismo aquello de que los pájaros no son reales? ¿Quién no ha tirado alguna búsqueda furtiva sobre los anunnakis a altas horas de la madrugada?