Uno de los cientos de anuncios distintos que tiene la plataforma Suno recorriendo las redes muestra a una joven artista mostrando las canciones que ha "creado" a partir de comentarios negativos y de hate. Muchas personas, ajenas y no ajenas a la industria musical, aún creen que la IA generativa sólo será capaz de hacer eso: memes efímeros, bromas entre colegas, divertir un rato.
Mientras, desde aquí llevamos avisando casi 2 años de fenómenos más transversales: la progresiva SLOPificación creativa y musical, la crisis de la autoría o la epidemia de artistas sintéticos y diferentes tipos de fraudes vitaminados por la misma herramienta. También observamos cómo la industria musical, como otros muchos sectores, se está comenzando a polarizar entre neoluditas y tecnoutópicos. Es decir: algunos actores (artistas, colectivos, plataformas, etc) abogan por el rechazo sistemático y otros abrazan las nuevas posibilidades con los ojos cerrados.
Ambas retóricas tienen matices, y también tendrán sus consecuencias. Lo que todos intuimos sin excepción es que la IA generativa ha llegado a un punto irreversible y, queramos o no, seguirá colonizando nuestros procesos creativos y contaminando la creación y distribución cultural. Para ejemplo claro lo que las grandes majors están preparando como nuevo modelo tras el posible ocaso del streaming.
Pero más allá de lo evidente, la penetración de la IA generativa en la industria musical revela que no se trata de una invasión únicamente frontal o por la fuerza. Tras titulares como "Más del 30% de la música nueva en Deezer es generada por IA y los oyentes no pueden saberlo" existen otro tipo de realidades e infiltraciones que ya están normalizadas: creación de demos, aplicaciones directas en el workflow de producción, el sampling fantasma, el voice swap o la invención de pasados musicales sintéticos.
En algunos casos se presenta como una herramienta realmente útil, en otros como una prótesis, en otros como un simple atajo para no perder tanto tiempo, en otros como estafa, y en otros como pura reingeniería del proceso creativo. No siempre reemplaza. A veces desplaza. En otras ocasiones abarata. En otras acelera. O contamina. Y en otras puede incluso devolver cierta agencia.
Cuanto más enfocamos y cerramos el zoom, más nos damos cuenta de que una actitud binaria ante este avance no traerá nada bueno. Prohibir, como pretende hacer Bandcamp (sin una detección clara), seguirá normalizando una "cultura del camuflaje" (usuarios usan IA pero se esfuerzan en disimularlo, rehumanizando outputs) y la paranoia (usuarios policía observan rasgos de IA generativa en todo lo que oyen).
Para tener una imagen panorámica de la influencia que actualmente tiene la IA generativa en la industria, hay que traspasar los titulares mediáticos y repasar todos los incentivos, transitar las zonas grises y averiguar dónde dichas herramientas están eliminando fricciones casi imperceptibles. Hay que ser pragmáticos, vaya.
Si hacemos el suficiente caso a los 18 casos que aquí exponemos, observaremos que este dilema no tiene una fácil solución (una binaria, seguro que no). Porque hay muchos músicos que ya consideran la IA generativa parte de su andamiaje creativo. Porque los procesos creativos son ambiguos y multicausales por naturaleza. Y porque muchos talentos emergentes no tienen acceso a ciertas herramientas, colaboradores o privilegios.
Mientras Ye se jacta de que su último disco "no contiene IA" y jóvenes promesas como svnfrvr nos recomiendan "parar de hablar con la IA y hablar con Dios", todas las puertas del ecosistema están abiertas de par en par. Porque una cosa es la postura, lo que se mantiene públicamente, y otra, lo que ocurre bajo la superficie: la velocidad y la escala de producción cultural está aumentando, y nadie quiere quedarse atrás.

Meek Mill y Claude como "copiloto administrativo".
Mientras hablamos, muchos proyectos musicales emergentes están comenzando a probar el uso de agentes de IA para automatizar procesos: envío de canciones a discográficas, contestación de correos electrónicos, generación de contenido para redes sociales, etc. Es evidente que no todo el mundo tiene acceso a un manager o a una agencia de representación, ni siquiera a una promotora dispuesta a buscar posibles conciertos.
Listas de envíos masivos vía templates, análisis de datos para configurar alguna estrategia o simplemente pedirle consejos en algún momento de desgaste creativo. Me acuerdo de una entrevista a Ca7riel y Paco Amoroso, justo antes de anunciar su "descanso" tras una gira mundial de casi un año, donde Amoroso revela que había recurrido a ChatGPT para paliar problemas de "cavilaciones" y "overthinking" durante el tour.
Pero hay incluso artistas "más consagrados" y con imperios empresariales en marcha que han revelado su uso de LLMs para optimizar sus negocios: "Claude me está ayudando a organizar toda mi carrera musical y otros negocios en cuestión de días... ¡ Y está impulsando mi negocio a un ritmo vertiginoso!" aseguraba Meek Mill en Twitter, para luego revelar que había sido un "tech youngbull" el que le había prestado una plantilla por LinkedIn.
Al margen de si la manifestación pública del rapero es una postura o hay algo de realidad (véase beneficio palpable), este un ejemplo perfecto para demostrar que la IA generativa no penetra únicamente por las capas creativas y ya está contaminando la organización y la gestión "periférica" de carreras artísticas.

Bob Dylan, las fanfictions y el "SLOP senil".
En pleno debate "neoluditas VS tecnoutópicos", el octogenario Bob Dylan inicia en Patreon una serie titulada Lectures From The Grave a base de monólogos inventados de figuras históricas que además firma con pseudónimos.
Lo primero que pensé cuando me enteré de esta noticia fue: ¿SLOP senil o legitimación? Y es que, a pesar de que el Premio Nobel de Literatura lleva décadas ironizando y jugando a inventarse su legado creativo, estamos ante una cuadratura del círculo: un artista canónico jugando a la "necrocreatividad", contaminando internet de mitologías ficticias mientras él mismo vendió todo su catálogo a Universal por más de 300 millones de dólares.