Por Pau Mateu Sáez.

En el océano relajante del Ambient, en el centro exacto a lo lejos, siempre estuvo Brian Eno. Quien hoy se conoce más comúnmente por lxs amantes de Fred Again.. como su mentor, comenzó el primer día del resto de su vida cuando dio forma, nombre y marco teórico a lo que acabaría convirtiéndose en la "música ambiental".

La idea terminó de encajarle en 1977, en un aeropuerto de Colonia, mientras escuchaba canned pop alemán que desentonaba agresivamente con la iluminación y la arquitectura del espacio. Dos años antes, hospitalizado, ya había tenido una experiencia parecida: un disco de arpa sonando tan bajo que se mezclaba con la lluvia, la calle y los ruidos del pasillo. Ahí empezó a pensar que la música también podía ser un espacio en el que entrar y salir sin que tuviera que guiarte emocional o comunicativamente. Simplemente, lo habitas.

Así surgió Ambient 1: Music for Airports (1979).

Eno siempre ha tenido ganas de romper con lo que estaba establecido. Hoy mete a la Tierra en los créditos de sus canciones a través de EarthPercent (una iniciativa para recaudar fondos para causas medioambientales que han adoptado otrxs artistas como Massive Attack, AURORA o Amelie Lens), pero esto no le viene de nuevo. Antes de convertirse en una de las figuras más influyentes y activistas de las últimas cuatro décadas en la música, tuvo que pasar primero por el aro de la industria y aprender a moverse dentro de él.

Y aunque lo hizo de una forma bastante peculiar, el mismo año que Brian Eno lanza Ambient 1: Music for Airports también produce No New York, una recopilación con Contortions, Teenage Jesus and the Jerks, Mars y DNA que acabaría funcionando como uno de los documentos esenciales de la No Wave neoyorquina. No construyó él solo aquel movimiento, pero sí ayudó a fijar una fotografía bastante precisa de una escena que estaba desmontando el Rock desde dentro: menos virtuosismo, más ruido, confrontación y estructuras torcidas. Es decir: Eno estaba casi al mismo tiempo en dos extremos del panorama, y esa convivencia entre polos dice bastante de cómo ha entendido siempre su trabajo.

En esa época, rebelándose contra lo que tenía que ser el Rock, su entorno era el de artistas conceptuales para quienes no saber tocar podía formar parte del programa: grupos que utilizaban la falta de virtuosismo como otra manera de romper las convenciones del género. Eno llevaba años haciendo algo parecido desde otro lugar, definiéndose como "no-músico" y tratando de separar la creación de la destreza instrumental. Con el Ambient llevaría esa idea todavía más lejos: una música despojada de mensaje obligatorio, sin protagonista claro y capaz de existir sin reclamar constantemente nuestra atención.

El Ambient invitaba a pasar como una puerta. Mientras casi todo parecía pedir territorio, atención y velocidad (la publicidad, las empresas, las ciudades), el Ambient proponía lo contrario: estar ahí sin imponerse. Del mismo modo que el arte abstracto desplazaba parte del trabajo perceptivo hacia quien miraba la obra, John Cage llevaba tiempo insistiendo en que un sonido no necesitaba convertirse inmediatamente en mensaje. La música convencional podía funcionar como una narración de alguien expresando algo; el sonido ambiente, en cambio, podía simplemente ocurrir. Nuestra tendencia era atribuirle significado, como si concebir los sonidos únicamente como sonidos les restara valor o profundidad.