Siempre que abordo esta cuestión, la del supuesto desplazamiento ideológico del Rap, recuerdo un artículo de 2023 firmado por Tayo Bero en The Guardian. Allí, decía:
"El rap ya no es la encarnación de la resistencia afroamericana como lo fue alguna vez. Ahora es una cadena de montaje cultural hipercomercializada que de alguna manera ha sido rediseñada para glorificar los mismos problemas contra los que alguna vez luchó con tanta fuerza".
Muy rápido, y sólo como recordatorio: Ice Cube, uno de los miembros de N.W.A., pasó en tan sólo 2 años de firmar una canción pidiendo que arrestaran a Donald Trump ('Arrest the President', 2018) a ser uno de sus "asesores" para el Platinum Plan. El mismo Trump tiene su propia lista de raperos a los que ha ayudado, indultado o con los que se le ha visto en público: Lil Pump, Kodak Black, Lil Wayne o el mismo Ye. Luego están personalidades como la de 50 Cent, que pasaron del durag al traje gris de ejecutivo.
Puede que este "movimiento hacia la ultraderecha" del Rap estadounidense todavía sorprenda a algunos (¿el Rap ha tenido ideología en algún momento? preguntan muchas personas en redes sociales), pero lo cierto es que el movimiento MAGA tiene desde hace varios años a sus propias estrellas del género: Bryson Gray o Tom MacDonald (por mencionar sólo dos de las más prolíficas). Y recientemente han incorporado a su lista de apoyos un talento sin igual: Nicki Minaj, quien ha pasado de tener una fuerte relación con públicos LGBTQ+ a declararse "fan número uno" del actual presidente o actuar en eventos organizados por Turning Point USA.
Nicki Minaj es la "fase humana", "de captura" y, sobre todo, mainstream del problema...
El ejemplo de la rapera trinitense es de los más nítidos para diagnosticar lo que está pasando. Porque no, Nicki Minaj no sólo se ha acercado a Trump para conseguir su nacionalidad estadounidense; Minaj emigró a los 5 años y antes de que Donald Trump la obsequiara con su Trump Gold Card, había comentado que estaba "finalizando el papeleo para conseguir su ciudadanía". El miedo a una posible deportación explica cosas pero no todo: Minaj arrastra varios años de anclaje como outsider, perfilando una voz rebelde, "antisistema", de esas que se atreve a decir lo que otros callan.

¿Cómo ha acabado Nicki soltando mensajes antivacunas, abrazando una retórica anti-trans o dando gas a discursos y/o políticas antiinmigración? No se trata de una conversión doctrinal clásica, esto no va (únicamente) de "necesitar orden" o de ponerle ojitos al "conservadurismo moral". Minaj es vista por MAGA como un sinónimo útil del propio Trump: una artista que se ha sentido hostigada por quienes supuestamente debían defenderla, expresando su apetito por el conflicto y una radical negativa a dejarse disciplinar (explícitamente: "no me vais a decir a quién apoyar").
Vamos, que encaja en el marco reaccionario actual a la perfección: una artista que se autodenomina "incancelable" y que lleva años sacando partido a su antagonismo. Y nada como la extrema derecha actual para sacar rédito y recodificar el agravio personal, véase este tipo de disidencia impostada en nuevo capital político. ¿Destruirá a largo plazo su marca Nicki Minaj? ¿O, más bien, aplicará un filtrado para así intensificar la lealtad de un tipo de seguidores en auge? ¿Es una locura o una simple reubicación estratégica en pleno apogeo anti-woke?
En el caso de Nicki Minaj, su adhesión a la extrema derecha está sujeta a estas palancas:
- Irreverencia, insolencia, disidencia
- Supuesta independencia.
- "No me vais a decir qué pensar, no me vais a domesticar".
- Hartazgo con medios, fandom e instituciones.
- Antagonismo rentable.
La ultraderecha sabe "habitar escenas": basta ver lo que está pasando en España...
Es España, el rapero El Jincho ha vuelto a ganar notoriedad por lo mismo que Nicki en Estados Unidos: servir de "inesperado" altavoz para la extrema derecha. El de Orcasitas, un rapero de origen obrero y marginal, que arrastra una biografía de delincuencia, cárcel con fuertes dosis de superación personal, ha acabado legitimando políticas que normalmente castigan a sujetos como él. Recientemente avisó que iba a votar a Abascal, el cabeza visible de Vox, al mismo tiempo que vierte referencias a Mussolini, la falange o la mano dura penal allá donde puede.
Lo que está empezando a denominarse "Hip Hop facha" es tan sólo un eccema de algo mucho más profundo que ha ido creciendo lentamente en gran parte de los barrios obreros. ¿Por qué? Por lo mismo que germina en Estados Unidos: el descontento generalizado con el progresismo, a quienes muchos culpan de la precariedad, la inflación, los impuestos o la crisis de acceso a la vivienda.

El populismo que practican los partidos y figuras de extrema derecha es un imán para, así, revertir el discurso antisistema: nos encontramos a gente como El Jincho, acusando a "los progres" de perpetuar los beneficios de la burguesía mientras redirige su rabia a los de más abajo (omitiendo a bancos, especulación o concentración de riqueza y centrando el tiro en las personas migrantes, los pobres, las minorías o los extranjeros). Ya que parece existir un consenso progre, mediático e institucional, este tipo de raperos emergen como gestos de valentía, como una ruptura del orden establecido (aquel que les ha empobrecido). La "adhesión" real se camufla.