En la última semana, no han parado de mandarme este vídeo por privado.

Vaya por delante que aprecio a Rodrigo Taramona y su labor como divulgador en el ámbito tecnológico. Además, él vive en Palma, donde yo nací. Incluso tenemos un pódcast juntos que nos marcamos tras ir en coche juntos desde Barcelona a Madrid (7 horas más o menos). Por si esto fuera poco, el pasado viernes compartimos mesa redonda en Leganés, dentro del marco del T3chfest y que pronto estará disponible como un nuevo episodio de WATIF TV.

Pero "mi deber" está por encima de cualquier afinidad, así que me veo casi en la obligación de usar el mencionado documento, titulado SPOTIFY ES MALO… ¿verdad? (hace poco rebautizado como BOICOT a Spotify ¿es un ERROR?: Lo que nadie te cuenta sobre streaming y geopolítica), como trigger para formular una advertencia mayor. Qué digo, no sólo advertencia, dibujar a su alrededor un manual de autodefensa sobre un tipo de "posicionamiento" muy sofisticado que busca, entre otras cosas, desactivar nuestra movilidad tecnológica.

Es importante, también, y de vez en cuando, echar un vistazo a "cómo se desarrolla la oposición", los mensajes que contradicen tu visión al respecto de cualquier cuestión. Cuanto menos es nutritivo. Nosotros, obviamente, estamos y estaremos siempre del lado del gremio creativo-artístico y ayudaremos a desmitificar cualquier tipo de sistema cultural extractivo como el que representa Spotify.

Rodrigo Taramona es Embajador Digital para la Unión Europea, dentro del programa Embajadores de DigitalEU. "Los embajadores de DigitalEU actuarán a título personal o profesional representando a su propia organización, y no en nombre de la Comisión Europea. Ser embajador de DigitalEU no implica el apoyo organizativo o financiero de la Comisión".

Aunque lo que propone Rodrigo en el vídeo tiene múltiples lecturas (algunas de ellas, válidas), creo que lo más importante es cómo traslada lo que debería ser una decisión con la vista puesta en "tu consumo cultural" al marco del "deber estratégico". Bajo su visor, nuestra posible marcha de Spotify significa un "error" o "inmadurez" que podría ayudar a Estados Unidos a seguir imponiéndose en terreno tecnológico y militar.

Ese mismo cambio de marco empieza a verse también en otros frentes, como en la disputa entre OpenAI y Anthropic, dos empresas ya plenamente inscritas en lógicas de defensa y seguridad nacional. Este clima de tensión geopolítica entre Europa y Estados Unidos (¿o deberíamos decir Estados Unidos frente a todo el mundo?) no tiene pinta de disminuir, así que es muy probable que este "filtro" siga extendiéndose también.

Antes de nada, conviene recordar el contradictorio 2025 que tuvo Spotify:

Por un lado, la compañía ha visto su imagen pública gravemente deteriorada debido a una mayor incidencia de movimientos colectivos en contra, desencadenando en un pequeño boicot/exilio de artistas en todo el mundo. ¿Las razones? La injusta repartición en cuanto a regalías del modelo streaming y su devaluación cultural intrínseca es sólo la punta del iceberg.

Ahora hay que sumar la creciente inseguridad ante el SLOP y/o el contenido hecho con IA generativa, así como algunas discutidas decisiones, tales como incluir anuncios de reclutamiento del ICE. Pero por encima de todo, el "rechazo" hacia Spotify ha tenido un nombre propio: su ex-CEO y fundador Daniel Ek, en gran parte motivado por sus inversiones armamentísticas y poco éticas a través de Prima Materia.

Por otro, su capitalización de mercado se ha visto propulsada, sobre todo por su recién demostrada "rentabilidad". De hecho, Spotify cosechó sus máximos de valor bursátil a mediados de 2025, acabando ese mismo año con un ascenso hasta los 751 millones de usuarios activos en todo el mundo. Obviamente, esta disociación entre percepción pública/mediática y su crecimiento económico es central para entender la debilidad estructural de los boicots en el ámbito digital actual.

A pesar de que la aspiracionalidad de Spotify está bajando, hay serias dudas sobre si es posible generar algún cambio real (al menos a corto plazo). Y ante este desgaste, aparece un tipo de propaganda mucho más sutil en su defensa: la que no niega las evidencias ni omite las polémicas de la plataforma, pero sí cuestiona la legitimidad, la inteligencia o incluso la "madurez política" del hecho de querer boicotearla.

Hay una pregunta lícita: ¿es Spotify un "chivo expiatorio"?

Si veis el vídeo de Taramona, no es un simple "pues yo, sólo por llevar la contraria, me quedo en Spotify". Tampoco es el clásico individuo "pro-industria musical exclamando" aquello de "nunca fue tan fácil subir música". Ni siquiera es el cripto-bro que te dice que "el mercado es así y te aguantas". No, reconoce que Spotify paga una miseria por stream, que existe el programa Perfect Fit Content, que Daniel Ek se ha convertido en una figura cada vez más tóxica y que hay razones de sobra para desconfiar.