Hace un poco más de tres años, Ed Sheeran se plantó con su delantal verde haciendo de "barista por un día" en uno de los Starbucks de Seattle (Estados Unidos). Aquel 25 de agosto, el cantante estaba promocionando su nuevo álbum, Autumn Variations, y la compañía presentaba su nuevo menú de otoño, uno que iba a incluir un café con leche y especias de calabaza.
Ahí Sheeran ya demostró su capacidad para mirar a muchos lados al mismo tiempo. Starbucks Workers United denunció que aquel establecimiento había sufrido tácticas antisindicales y criticó que, según el sindicato, casi todos los supuestos trabajadores que aparecían junto al cantante con delantal verde eran en realidad gerentes o directivos; mientras se desarrollaba la promoción, añadían, empleados de otro Starbucks cercano estaban trabajando con falta de personal y reducción de jornadas. El sindicato se dirigió directamente a Sheeran pidiéndole que "lo hiciera mejor", sin que conste, hoy por hoy, una respuesta pública del cantante.
Un año antes, en 2022, la mirada de Sheeran sí se había situado públicamente en una zona mucho más fija, menos bizca. Nada más comenzar la invasión rusa de Ucrania participó en Concert for Ukraine, dijo públicamente "I stand with you" a los ucranianos y poco después colaboró con Antytila, banda cuyo cantante Taras Topolia estaba entonces sirviendo en las fuerzas de defensa ucranianas, en una nueva versión de la canción 2step. Las regalías del vídeo se destinaron a ayuda humanitaria y Sheeran anunció también la donación de sus regalías de YouTube del vídeo original de 2step, que había rodado en Kyiv antes de la invasión. Meses después Antytila cruzó la frontera para tocar la canción junto a él en Varsovia.
Como ya os podéis imaginar, no soporto la música de Ed Sheeran. De hecho, no hablaría jamás de él si el caso no fuera perfecto para (re)explicar ciertos fenómenos actuales. Y que quede también claro que no quiero convertir el estrabismo de Sheeran en una metáfora sobre su equidistancia, ni tampoco relacionarlo con su selectivo "sentido común". Pero nadie puede negar que la mirada del británico ofrece una asombrosa analogía para hablar de la posición pública que ha intentado, hasta ahora, ocupar.

¿Adiós a la "mirada selectiva" de Ed Sheeran?
Todavía existen y circulan iconos globales de esos que quieren conservar públicos diversos, no cerrarse ante ninguna sensibilidad/mercado y en ningún momento tener que elegir públicamente ningún bando. Es el paradigma de celebridad transideológica y apolítica que muchas de las estrellas Pop de los 90 y los 2000 sostuvieron y que, caso tras caso, vamos viendo desmoronarse. Sin ir más lejos, Pharrell Williams sigue argumentando en sus entrevistas que él "no trata temas políticos", aunque luego acepte organizar un concierto en Ciudad del Vaticano.
Del mismo modo, y mientras es capaz de mirar a todos por igual, Ed Sheeran clama en sus conciertos que sus canciones deben reunir a personas de opiniones contrarias alrededor de "love, hope and unity". Les miente a la cara a sus fans: sabemos de buena tinta que la ayuda humanitaria a Ucrania si entró dentro de su perímetro visual, pero decidió hacer la vista gorda ante los trabajadores de Starbucks protestando por sus derechos o ante los 22.000 niños palestinos asesinados por el genocidio israelí. Lo de Sheeran es bizquera cuando le interesa, vaya.