Aunque ya hablamos de él en el pasado, Michael Smith acaba de ser condenado por ganar más de ocho millones de dólares con canciones generadas por IA y oyentes que nunca existieron. Su estafa anticipó un negocio musical hoy por hoy en boga y donde producción y consumo pueden automatizarse (y retroalimentarse) por completo.
"Ten en cuenta lo que estamos haciendo musicalmente aquí... Esto no es 'música', es 'música instantánea' ;)".
Esta frase, a modo de gentil advertencia, apareció en un correo enviado el 11 de marzo de 2019 a Michael Smith, un músico y empresario estadounidense que llevaba un par de años intentando hacerse rico mediante un negocio que, por aquel entonces, resultaba cuanto menos peculiar. Según una investigación de WIRED, el remitente encaja con Alex Mitchell, CEO de Boomy, una empresa pionera en generación musical mediante inteligencia artificial. Mitchell figura acreditado junto a Smith en numerosas grabaciones, aunque ni él ni Boomy fueron acusados penalmente y la compañía negó conocer o participar en la estafa. Por entonces, Smith recibía miles de canciones sintéticas que utilizaba para alimentar un fraude a gran escala en Spotify, Apple Music, Amazon Music y YouTube Music.
Puede que lo de "música instantánea" pueda sonar hoy como algo corriente, pero hablamos de 2019, cuando Suno todavía no existía y la generación musical mediante IA estaba lejos de convertirse en una obsesión para la industria.
El pasado 6 de octubre, Smith, de 54 años y residente en Carolina del Norte, recibió una condena de 18 meses de prisión federal, dos años adicionales de libertad supervisada y una orden de decomiso por valor de 8.091.843,64 dólares. Se había declarado culpable en marzo de conspiración para cometer fraude electrónico, poniendo fin a una investigación iniciada años atrás y que en septiembre de 2024 lo convirtió en el primer acusado federal por una operación de fraude de streaming musical asistida por IA en Estados Unidos.
Como veis, la cantidad definitiva supera los ocho millones de dólares, aunque la acusación original hablaba de más de diez y el propio Smith llegó a presumir de haber ingresado hasta doce. Entre 2017 y 2024 consiguió registrar miles de millones de reproducciones utilizando cuentas falsas que escuchaban constantemente su catálogo.
Para hacernos una idea del tamaño del disparate: en abril de 2023, sus bots acumularon 80,9 millones de reproducciones mediante planes familiares de YouTube Music, mientras que todo el catálogo de Taylor Swift obtuvo 9,3 millones dentro de esa misma modalidad de suscripción. La comparación, difícil de asimilar, no es cosecha mía; procede directamente del Departamento de Justicia estadounidense.
¿Cómo consiguió Michael Smith superar por casi nueve veces las escuchas de Taylor Swift en esa franja del servicio de streaming? La respuesta está documentada en un escrito de acusación de dieciocho páginas que recoge correos, cálculos económicos, contratos y algunas discusiones realmente grotescas con las empresas que ya empezaban a sospechar de él.

Cuando la granja de oyentes se encontró con la granja de canciones
Smith albergaba años de experiencia en la industria musical, no era precisamente un desconocido cualquiera. Había trabajado como productor, creado el sello SMH Records y financiado parte del programa televisivo One Shot, emitido por BET en 2016, donde participaba como juez junto a nombres del Hip Hop estadounidense como DJ Khaled, Twista o T.I.
Pero las aspiraciones de Smith parecían ir más allá de las bambalinas: en 2018, Jazz (Deluxe), un álbum publicado junto al productor y publicista Jonathan Hay bajo el nombre Smith & Hay, alcanzó el número uno de Billboard Jazz Albums como una exhalación, aunque despareció poco después sin dejar rastro. El propio Hay empezó a desconfiar de las estadísticas, ya que no parecían corresponderse con ningún público "real" o "tangible": básicamente no encontraba seguidores comentando el lanzamiento y las propias distribuidoras habían comenzado a alertar sobre posibles reproducciones fraudulentas. Hay llegó a detectar inexplicables cúmulos de oyentes en países como Vietnam.
Hay estaba en lo cierto, no era una paranoia suya: Smith compraba miles de cuentas de correo, registraba usuarios con identidades inventadas y aprovechaba los planes familiares de las plataformas, mucho más económicos que las suscripciones individuales. Mediante servicios cloud ejecutaba numerosos ordenadores virtuales al mismo tiempo, abría reproductores web y "activaba macros", programas que mantenían las canciones sonando automáticamente. Las conexiones pasaban por diferentes VPN para disimular su procedencia.
En octubre de 2017, el propio Smith calculó (en un correo que se envió a sí mismo) que 52 cuentas de servicios cloud, con veinte bots cada una y 636 reproducciones diarias por bot, podían generarle 661.440 escuchas al día. A medio centavo de dólar por reproducción, la proyección ascendía a unos 99.000 dólares mensuales y más de 1,2 millones anuales.