Hace una semana publiqué una pieza donde me preguntaba abiertamente si el Rap, como fenómeno, sigue representando a los jóvenes. ¿Sigue importándole aquello que más preocupa al común de la población o es, mayoritariamente, otro reflejo del ultracapitalismo? ¿Hablan a la cara de su audiencia o hay una desconexión con la realidad material?

La duda estaba planteada tras observar la escasa presencia pública de algunas de las grandes figuras de la "música urbana" española durante las movilizaciones que siguieron al desahucio de Maricarmen Abascal, la mujer de 87 años que ya se ha convertido en el rostro de una lucha por el derecho a la vivienda. Una batalla que ha desencadenado un adelanto de las elecciones generales (29 de noviembre) y que será el centro de la primera huelga general en 14 años (11 de noviembre).

Hasta aquel momento, buena parte de las imágenes que nos llegaban de la Puerta del Sol estaban protagonizadas por actores, actrices, músicos de escenas relativamente pequeñas y personas vinculadas desde hacía tiempo a diferentes movimientos sociales. Ha habido y hay excepciones, por supuesto, y éstas se mencionan en la pieza, pero el texto no quería ser un zoom específico ni pasar lista. La intención era atacar algo más genérico: ¿por qué algunos de los artistas más escuchados por los jóvenes sin acceso a una vivienda digna no se implican un poco más?

Mi artículo no gustó "al Rap", algo que ya sabía que iba a pasar pero que forcé ligeramente para recoger las diferentes reacciones. Hubo raperos que me escribieron reprochando que "esos artistas que estaba nombrando no eran Rap"; otros, desconociendo que llevo en el Rap casi la mitad de mi vida, que mi perspectiva "seguramente era fruto de que estoy empezando en esto y necesito ragebaitear para llamar la atención". Incluso hubo quien protestó y me invitó a ir otra de las acampadas repartidas por España "a comprobar por mi mismo si había algún rapero". Por último, también hubo aquel que me sugirió que quizá había más raperos en Sol de lo que creía, pero no lo estaban publicando "porque no les gustaba colgarse medallitas".

En cualquier caso y como digo: mi pieza atacaba al Rap como fenómeno y como gremio, no de forma individual. Hay cientos de miles de raperos que no conozco que estarían acampados en ese momento y otros que posiblemente llegaron con su tienda mientras yo publicaba el artículo.

Los días posteriores he seguido pensando en las contradicciones que rodean cualquier intervención política de lo que consideramos "una celebridad". Nos gustaría que los artistas utilizaran sus plataformas para apoyar determinadas causas, pero si lo hacen, también desconfiamos. Y si además resulta que tienen dinero, empresas o, en concreto, propiedades inmobiliarias, la conversación se escora hacia allí de forma inevitable. Si descubrimos que Rels B es rentista (o con intenciones declaradas sobre la adquisición de inmuebles como activo especulativo), algo así como un opuesto a Morad (que las compra y las ofrece como un bien para su comunidad), es imposible esquivar la idea de que quizá su silencio tiene que ver con que él mismo se está beneficiando del principal problema que atañe a gran parte de su audiencia.

Los políticos y ministros que ahora mismo se dirigen a unas nuevas elecciones, son, en gran parte, casta rentista: el mismo Pedro Sánchez, también Óscar Puente (4 viviendas y garajes), incluso Isabel Rodríguez (Ministra de Vivienda y Agenda Urbana) posee 7 propiedades inmobiliarias registradas a su nombre y ha declarado percibir ingresos derivados del alquiler. Sin ir más lejos, Pedro Almodóvar, la personalidad cultural más representativa que acudió con bolsas de comida a la acampada de Sol, participa desde hace décadas en distintas sociedades empresariales, entre ellas El Deseo Inversiones, dedicada a la actividad inmobiliaria.