De pronto expansión, de pronto contracción. Como pequeños Big Bangs donde se grita, se consume, se discute, y luego las sobras a la basura. Cualquier "polémica" en la que pensemos ahora mismo es idéntica a lo que en el mundo financiero llaman "pump and dump". Veamos, sin ir más lejos, cómo se despliega cualquier memecoin: lanzamiento explosivo → sube el hype → sube el FOMO → ascenso vertiginoso → fuga de liquidez → derrumbe total. ¿Nos suena de algo ese desarrollo? Seguro que sí.

Hace escasas dos semanas parecía imposible esquivar el rostro equidistante de Ed Sheeran y el semblante sosegado de Macklemore, éste último a sabiendas de que estaba generando un pequeño seísmo en la industria musical.

Simplemente por refrescar: el pasado 4 de septiembre Macklemore salió al escenario del MetLife Stadium (Nueva Jersey) como telonero de Ed Sheeran (en su gira Loop Tour), habló durante unos minutos sobre Palestina e interpretó Hind’s Hall. Veinte días después ya había sido apartado de la gira (tras presiones de varios recintos y, sobre todo, del magnate Robert Kraft, propietario de los New England Patriots y del Gillette Stadium), el resto de teloneros había abandonado también y Sheeran había tenido que explicar varias veces qué había ocurrido y cuál era su posición. Macklemore anunció que destinaría un millón de dólares a organizaciones de ayuda y poco después presentaría su gira llamada Free Palestine. Mientras, Ed Sheeran tuvo que suspender varios de sus conciertos alegando "mal tiempo". LOL

Aunque ha dejado de lloverle encima, la tormenta sigue encima de Ed Sheeran. Ahora es visto por mucha de su audiencia "no fan" como un loser (¡hasta Joe Rogan puso la cara por Macklemore!), un cobarde, una representación del arquetipo de "artista neutral" en período de extinción. Pero hoy, más que el futuro del artista inglés, me interesa aislar el caso y ofrecer una anatomía completa de cómo funcionan estos fenómenos. Durante la última semana he reconstruido el huracán mediático descentralizado y detectado los mecanismos que se repiten en todas las controversias a las que asistimos en el circuito de distribución digital. Quizá puede servir a alguien en el futuro a corto o medio plazo.

¿Por qué "yo" y no el otro? ¿Porqué esta chispa sí prende y la otra no?

Cada día de nuestro señor circulan por las "redes sociales" todo tipo de contubernios: declaraciones más que discutibles, vídeos extraños, decisiones empresariales virales y comportamientos susceptibles de indignar a alguna persona, en algún sitio. Muchos de estos contenidos y sus trazas apenas consiguen salir del lugar donde brotaron. La gravedad del asunto puede influir, pero no determina por sí sola la expansión; también importa cuánto trabajo se exige para entenderlo y cuánto material se ofrece para participar.

Los dos factores clave son la "combustibilidad" y la "compresibilidad", por llamarlos de algún modo y para entendernos.

El caso Sheeran VS Macklemore llegaba con una "combustibilidad" bastante alta: dos celebridades muy conocidas + un conflicto político previo que cualquier usuario reconoce + imágenes del concierto + una frase capaz de circular separada del resto de la intervención y una relación/argumento muy fácil de comprimir: un telonero introduce un mensaje político dentro del estadio de una estrella que había tratado de mantener su figura pública lejos de ese tipo de confrontación.

La "compresibilidad" complementa esa capacidad de ignición reduciendo el coste de entrada: no hace falta conocer el historial de Macklemore, la estructura contractual de la gira ni quién tiene autoridad sobre cada estadio para compartir un clip, apoyar el mensaje, criticarlo o responsabilizar a Sheeran. También existe suficiente ambigüedad para que la discusión de prolongue: quién tomó realmente la decisión, qué sabía Sheeran, hasta dónde alcanza la libertad de un telonero, qué responsabilidad tiene el artista que encabeza una gira sobre las decisiones de promotores y propietarios.

Es la combinación perfecta entre "legibilidad" inicial, lo que se necesita para circular, pero sin que todo esté resuelto en la primera lectura. Si tuviéramos que plantear un posible índice de "combustibilidad", podría ser este:

Legibilidad moral + fácil identificación de los protagonistas (antagonista y víctima) + material visual + compresibilidad + participación barate + conflicto previo + ambigüedad + estatus + buen timing.

Aunque esto no es una fórmula maestra y ni mucho menos nos serviría para predecir qué podría explotar mañana (si algo tenemos que tener en cuenta es el elevado porcentaje de imprevisibilidad del entorno digital), cuantos más factores coincidan, menos esfuerzo requerirá participar (entender, compartir o discutir el asunto).