A unas calles de mi casa, la recién instalada verja de la Escola Teixidores de Gràcia luce varias decenas de carteles plastificados sujetos con bridas. Uno de ellos lleva una ilustración de una alumna que carga a cuestas varias cajas que nombran todo lo que está degradando el sector educativo en Catalunya: "burocracia asfixiante, masificación en las aulas, falta de recursos, falta de apoyo, sueldos bajos y una inclusividad inexistente". Algunos reclaman la contratación de más personal, otros denuncian que se trata del colectivo con más bajas por salud mental y hay uno que pone el foco en las temperaturas extremas que sufren las aulas (hasta 35 °C y 39 °C durante los meses de más calor).
Soy honesto: lo primero que pensé al ver aquella cartelería con texturas de acuarela, mensajes a mano alzada y las omnipresentes tonalidades entre marrón pálido, naranja o beige fue que habían sido diseñadas con ChatGPT. "Otro colegio tirando de IA" creo que dije justo antes de que la cabeza se me fuera a la posible ironía del asunto: ¿un centro que denuncia las pésimas condiciones de la escuela pública con la herramienta que mejor encarna la desaparición del trabajo educativo cualificado? Tenía que estar equivocado.
Y lo estaba: los carteles a los que me refiero son obra de la ilustradora (y también maestra) @patgarmir, quién compartió varios diseños para que toda la comunidad educativa los pudiera usar como protesta. El SLOP que yo creía estar viendo era, en realidad, el trabajo de una persona con oficio. ¿Había sido un pensamiento intrusivo o mi despiste tenía alguna razón de ser?
Hice algo de memoria y recordé que unas semanas atrás había visto el mismo estilo en un restaurante del barrio, aunque allí el lettering principal tenía en cada extremo las tres rayitas para dar énfasis al mensaje y que ya son un clásico tic de los diseños generados con inteligencia artificial. Lo mismo me pasó con una peluquería, o con una lavandería a pocos metros del mismo colegio: encabezado que simulaba trazo con brocha gorda, iconos genéricos, palabras subrayadas, flechas y la misma composición en la que todo da la sensación de estar compensado.
"MENÚ SEMANAL". "Pijama Party". "Oferta Limitada". "Firma para apoyar la causa". Incluso carteles de promotoras y salas de conciertos de renombre parecían reunir la misma sintomatología. ¿Estoy ante creaciones de diseñadores humanos o estoy viendo outputs de un LLM "por defecto"? ¿Es posible que esta gramática y conjunto de señales se haya vuelto tan dominante (en tan poco tiempo) que haya acabado contaminando mi propia lectura? Creo que no debo ser el único que está pasando por el mismo proceso.

Cuando la sospecha se instala, empezamos a ver fantasmas (también) donde no los hay.
Hace unas semanas, Jason Koebler describió en 404 Media un fenómeno similar: en la pieza We Are Living in a 'ChatGPT Flyer Pandemic cuenta cómo encontró ejemplares similares anunciando reparto de droga en Berlín, fiestas del Mundial de Fútbol en Francia o advirtiendo sobre la retirada de escombros tras un huracán en Carolina del Sur. "Todos se parecen entre sí hasta la náusea", escribió. A raíz del artículo, un lector dijo que aquellos carteles "le parecen mierda de perro", y que "lleva meses suplicando en Instagram a negocios y a gente que dejen de usarlos, y que nadie le hace caso".