Hace una semana, uno de los reporteros de Complex salió a la calle para recoger reacciones a una pregunta tan concreta como complicada: ¿irías a un concierto de Ye en 2026? Aunque obvio, el "2026" es importante. Tras unas cuantas respuestas, una chica enfatiza que "quiere a Kanye West y no a Ye". Quiere el antiguo Kanye, no al de ahora. Mientras, intuimos que, a pesar de la frustración, acabará yendo al concierto que el norteamericano ofrecerá en el SoFi Stadium el próximo mes. Eso si consigue superar al millón de personas que, "supuestamente", estaban hace 2 días esperando para conseguir lo mismo: un ticket para el concierto de regreso a Los Ángeles del conflictivo artista.

Siguiendo con el vídeo, y mientras observamos innumerables comentarios de "tickets purchased" que se amontonan a nuestra derecha, otro chico afirma que no irá, porque "Ye está demasiado loco ahora". "Que sería como ir a un concierto de R. Kelly". En el cómputo global, en cualquier caso, se percibe un sentimiento generalizado: todos iríamos, ¿aún sabiendo que rechazamos la peor versión de Kanye y que lo que realmente deseamos es una regresión? La pregunta se vuelve angulosa, porque ya no va sólo de "gusto musical", ni siquiera de tu baremo moral:

Y tú, ¿irías a un concierto de Ye en Madrid el próximo verano?

Y tú, ¿irías aún sabiendo que el acceso al concierto parece haber sido manipulado?

Para el show de Ye en Madrid, anunciado para el 30 de julio de 2026 en el Riyadh Air Metropolitano, aún quedan entradas a día de hoy. La preventa arrancó el 10 de marzo para usuarios registrados, con precios oficiales que iban de 190 euros en grada alta nivel 3 o 400 euros en VIP, más gastos de gestión. Durante esas primeras horas se difundió, a través de correo electrónico, la idea de que se había alcanzado el 85% de la preventa y de que apenas quedaban unas 10.000 entradas: "85% AFORO VENDIDO y la demanda sigue siendo masiva. Entra ahora antes de que se agoten las entradas" rezaba parte del mensaje.

Poco después, un estudio de El Confidencial afirmaba que a las 15:00h del 11 de marzo, se habían vendido 28.259 localidades de un aforo de 69.805, con 8.663 tickets reservados por la organización y todavía más de 32.000 entradas disponibles. Es decir, casi la mitad seguían libres. Cuando llegó la venta general del 12 de marzo, varias zonas aparecieron más baratas que en la preventa, con tramos desde 150, 160, 175 y 185 euros, mientras el VIP seguía en 400 (a día de hoy, llega hasta 600 euros). Como consecuencia, el enfado en redes comenzó a filtrarse rápidamente, dejando ver muchos usuarios sus quejas, avisos de "estafa masiva" y las respuestas automáticas de la organización (515 Entertainment, VIBRA Music).

Yo también estaría muy enfadado. Has sido el conejillo de indias de otra operación de explotación emocional al fandom: habías entrado antes, manipulado por la sensación de que tus oportunidades se escurrían, y has acabado pagando más. Has sido la mano de obra que ha dado el engagement necesario al evento para circular por el campo aéreo mediático, ¿y así te lo agradecen? Has sido otra víctima de un tipo de urgencia artificial ya consolidada en la industria musical: la estrategia del SOLD OUT.

Hoy por hoy, esta maniobra se puede ver en casi todos los estratos artísticos, como una "efectiva" herramienta de legitimación. Lo que antes era una simple restricción, el clásico "entradas agotadas", se usa ahora como palanca para conseguir colgar ese cartel. Se comunica el éxito antes de que ocurra y no después, como sería lo normal. Y se anuncia precisamente para ayudar a producirlo.

En un interesante hilo recopilatorio en X, Daniel Caballero lo formulaba así: "cuando nos importen más nuestros derechos y dignidad como consumidores antes que el fanatismo irracional quizás algo cambie".

Y tú, ¿irías aún sabiendo que sólo habrás pagado por "estar próximo a su aura"?

Los que hayan seguido la estela desde el "antiguo Kanye" (por el que algunos se resignarían y pagarían a gusto) hasta Ye, pueden estar ante un déjà vu. Justo hace 10 años de uno de los eventos paradigmáticos de la década pasada: la listening party inventada por el artista para presentar, simultáneamente, su álbum 'The Life Of Pablo' (2016) y su tercera colección con Yeezy. Allí, en el Madison Square Garden, muchos fans ya se pisoteaban unos a otros por conseguir prendas de merchandising subidas de precio.