No era la intención, pero esta pieza es ya la tercera que sigue la pista al próximo gran cambio de paradigma en la industria musical (y, por ende, creativa): la transición hacia una "hiperpersonalización" donde el oyente se convertirá en un operario autorizado, capaz de producir sus propios derivados, y el catálogo de las grandes discográficas pasará a ser material generativo.
En el artículo precedente, yo mismo tenía dudas sobre el papel de Spotify ante este nuevo horizonte: "no me queda clara la situación de Spotify sobre este nuevo tablero. Ahora tampoco es dueña del modelo, pero la compañía domina el espacio del streaming a nivel de retención y usuarios. No tienen catálogo en su poder, al menos no el que más tracción genera, así que puede que su única fortaleza sean justamente los datos y su volumen de suscriptores".
Exactamente dos meses después, con Suno avanzando a modelos cada vez mas polivalentes y Udio desvelando poco a poco qué forma tendrá su plataforma Starstruck, Spotify parece adelantar por la derecha y anuncia un acuerdo sin precedentes con Universal Music Group: ambas compañías darán la posibilidad de remezclar canciones del catálogo de la major a los usuarios prémium del servicio de streaming.
Aunque todavía no se conocen detalles específicos sobre qué tipo de tecnología se usará, cuáles serán las dinámicas o cómo funcionarán los repartos, tanto Spotify como UMG ya han trazado una retórica compartida: "resolver problemas complejos para la música es lo que hace Spotify, y las versiones y remezclas hechas por fans son el siguiente paso" dijo Alex Norström , codirector ejecutivo de Spotify . Y añadió: "lo que estamos creando se basa en el consentimiento, el reconocimiento y la compensación para los artistas y compositores que participan".
Por su parte, Lucian Grainge, presidente y director ejecutivo de Universal Music Group, comentó que "las innovaciones más valiosas en la industria musical siempre acercan a los artistas y a los fans". "Ese principio es la base de esta iniciativa pionera de superfans con inteligencia artificial, diseñada para apoyar el arte humano, profundizar las relaciones con los fans y crear oportunidades de ingresos adicionales para artistas y compositores", añadió.
Nada que no hayamos visto antes: palabrería corporativa y términos clave como "empoderamiento", "participación" o "consentimiento". Y nada que se aleje de nuestras intuiciones previas: Spotify se sabe poderoso en cuota de usuarios y retención, pero no posee la materia prima suficiente y su crecimiento está estancado. Además, tiene dos grandes desafíos: 1) mantener el modelo streaming mientras este nuevo marco se desarrolla 2) y ser, de nuevo, la plataforma preferente en la nueva economía de los derivados musicales.
¿Dónde nos conducirá todo esto? No es oro todo lo que reluce, pero el cambio que ya se está vislumbrando es mucho más importante de lo que creemos, así que vayamos por partes.

Spotify en 2026: peor de lo que jamás admitirían...
Hace unas semanas, Spotify celebraba su 20 aniversario (oficialmente el 23 de abril de 2006) haciendo pública su primera lista de los artistas más escuchados de su historia. Al poco le siguió una nueva feature al estilo Spotify Wrapped, pero que en este caso ha permitido a todos los usuarios de la plataforma contemplar un historial completo de su experiencia en la plataforma (obviamente, interpretada por Spotify y con datos a los que el usuario no tiene acceso).
La campaña Spotify 20: Your Party of the Year(s) (o, aquí, Tus Años en Modo Fiesta) tuvo una recepción delicada, sobre todo debido al logotipo que la compañía decidió lucir de forma "temporal": una bola de discoteca verde, ridícula, algo confusa e infantil que primero desató el rechazo y después fue defendida como lo que (suponemos) pretendía ser desde el principio: un generador de rage bait a su favor.
Antes de activar su "modo fiesta", y como de costumbre, la compañía sueca había hecho público su informe anual Loud & Clear, donde suele exponer datos internos maquillados bajo una pátina de supuesta "transparencia". Cada año el mismo patrón: sacar pecho con gráficos atractivos, interactividad y cifras muy grandes que oculten realidades no tan rutilantes.
Loud & Clear 2025 desmontado en seis datos:
- Spotify presume de "crecimiento total": en 2025 generó 11.000 millones de dólares para la industria, 1.000 millones más que el año anterior.
- Pero la porción media por artista cae: el pool creció alrededor de 10%, pero el número de artistas en el sistema creció cerca de 11%. Resultado: la porción media cayó al menos 217 dólares por artista.
- Esto no es de ahora: cae desde hace años. En 2022, la porción media por artista era de 37.657 dólares. En 2025 es de 36.280 dólares.
- La "clase media" musical se erosiona: Spotify celebra que haya más artistas ganando 100K+, pero como interpretó Infinite Catalog, ese tier es el que más pierde peso relativo dentro del pool desde 2022. Más artistas cruzan el umbral, pero el segmento pierde fuerza económica. Más dinero agregado pero → menos horizonte para el artista medio.
- El millón se convierte en el techo: en 2025 sólo 90 artistas nuevos entraron en el club de 1M+, frente a 200 el año anterior. Caída del 55% en movilidad hacia la parte alta.
- El dinero se concentra muy arriba: desde 2022, más de 1.000 millones de dólares se habrían desplazado desde artistas mid-tier hacia tiers élite. Afinando un poco más: 1.200 millones fueron hacia artistas de 2M+, y sólo 80 artistas del tier 10M+ capturaron el 81% de ese desplazamiento.

Si únicamente nos fijáramos en el enfoque de Spotify, sólo veríamos lo que ella quiere: una plataforma que paga más que nunca, año tras año, un ecosistema donde más artistas cruzan determinados umbrales de ingresos y una industria aparentemente más abierta que la anterior. El problema es que ese ángulo confunde deliberadamente el crecimiento de su sistema con la mejora material de quienes dependen de él.
A esto hay que sumar elementos que Spotify no presenta como parte de su problema estructural, pero sí sabemos que influyen:
- El muy polémico Discovery Mode o la actualización de la payola, que empuja a artistas y sellos a aceptar menores regalías a cambio de mayor probabilidad algorítmica.
- Bundles de podcasts y audiolibros, que según Infinite Catalog, sería una maniobra que habría desplazado unos 230 millones de dólares en royalties mecánicos de compositores y publishers.
- Fraude y SLOP rampante: según Beatdapp, el fraude estimado podría estar drenando alrededor del 10% anual del sistema, unos 1.100 millones de dólares en 2025.
Resumiendo: Spotify puede decir que cada vez paga más dinero, porque lo hace, pero eso no significa que cada artista goce de una mejor calidad de vida. Su expansión y/o éxito no significa más salud cultural. La porción media cada vez es más frágil, el centro de su economía se erosiona y el techo de entrada al millón se endurece. Pastel más grande, más artistas dentro del sistema y mucho más dinero circulando, pero ¿qué pasa cuando ese cheesecake crece menos que la multitud que depende de él?

Agotado el modelo, Spotify está mudando su piel, como las langostas
Espero que nadie entienda mal mi planteamiento: Spotify sigue siendo gigante, pero ya no podemos fijarnos únicamente en su capacidad de engordar. ¿Cuánto valor es capaz de extraer cuando su base es cada vez más "madura"? Spotify necesita aumentar margen, su ARPU (Average Revenue Per User) y desplegar cada vez más capas de monetización alrededor del usuario.
La reciente caída del 14% en su valor bursátil tras no cumplir las expectativas de nuevas altas prémium para el segundo trimestre ya se ha solucionado con el anuncio de su deal con Universal, pero la inestabilidad es un hecho para la compañía. Además, existen más síntomas: sus continuas subidas de precio en las cuotas, su agresiva expansión a podcasts/audiolibros y la imperiosa necesidad de añadir add-ons o features cosméticas a los tiers de pago.
Spotify debe exprimir mucho más al usuario ya capturado si quiere mantenerse y esto también puede explicar sus recientes movimientos.
"Spotify tras Spotify" en tres features y una gran contradicción
Si queremos trazar la estrategia de Spotify, incubada desde hace años, para transformar al superfán en una nueva categoría operativa "estable" (esto es importante, porque si el superfán lleva más de una década siendo una entelequia es justamente porque el fan gasta, pero no de forma predecible), no hace falta seguir una secuencia cronológica.
(Por ahora) son tres las features clave.
